Ángeles Martín Obispo, administradora de la asociación Ocio de Ibiza

Ocio: liderazgo mundial entre recelos y prejuicios

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El catedrático de Historia Económica de la Universitat de les Illes Balears (UIB), Carles Manera y la economista y experta en clústers empresariales de Baleares, Vanessa Roselló, presentaron en FITUR hace unos días el estudio ‘Ibiza como marca mundial: el liderazgo en la economía del ocio’. El documento ha sido elaborado a partir de datos estadísticos publicados por organismos oficiales como el Instituto Nacional de Estadística (INE), el Ibestat (Instituto Balear de Estadística), la Cámara de Comercio, el registro mercantil o el Sistema de Análisis de Balances Ibérico (SABI) y el DIRCE (Directorio de Empresas), y con seguimientos adicionales de indicadores precisos como el tráfico de pasajeros y el número de pernoctaciones. Sin embargo, a pesar de la acreditada reputación académica, profesional y personal de los autores, y la objetividad de los datos estadísticos utilizados para elaborar el informe, hay quien pone en duda su credibilidad y no esconde prejuicios y recelos sobre los resultados. También hay quien además se atreve a insinuar que el sector del ocio actúa como lobby mafioso capaz de manipular al sr. Manera e incluso maquillar y falsear datos para así torcer la voluntad de la Administración. Solo mentes retorcidas y deshonestas piensan que los demás son igualmente manipuladores y desleales.

El estudio de los economistas Manera y Roselló es serio y riguroso, y tiene el valor de poner cifras contrastadas -por primera vez- a un sector que tiene una probada relevancia laboral, social y económica diferencial específica en Ibiza respecto a otros destinos turísticos. En ningún caso es una patente de corso para permitir ilegalidades ni un instrumento para presionar en la planificación de políticas públicas. Tan sólo es un primer análisis que, sin duda, necesitará de otros sucesivos para conocer y profundizar en el valor que aporta el sector. El documento tampoco pretende anular otros modelos turísticos como el familiar, el deportivo, el cultural y el paisajístico. No es excluyente, sino inclusivo, pues reclama en beneficio de todos los segmentos turísticos mayor conectividad aérea, mayor formación y profesionalidad.

No obstante, es evidente que el estudio revela datos que la Administración debe tener en cuenta y sopesar. No se puede cerrar los ojos ante una industria del ocio que sitúa Ibiza como líder mundial, según afirma el catedrático en Historia Económica de la UIB, que además genera el 35 por ciento del empleo en la isla y que su impacto económico alcanza los 770 millones de euros. No es de recibo que las instituciones de Ibiza regulen sobre ese mismo sector sin escucharle, sin dialogar y sin intentar consensuar medidas y actuaciones como ha sido tónica habitual en los últimos años. Cada día son más los residentes, empresarios y turistas que reconocen la importancia del sector y los políticos no pueden ser ajenos a esta realidad. Gran parte del sector lleva años invirtiendo para mejorar y modernizar su oferta. Muchos empresarios están seriamente comprometidos en la labor de reducir molestias y trabajan en favor de un modelo de convivencia y respeto con la población residente. Además, gracias a su capacidad innovadora, Ibiza se ha convertido en un referente a imitar por otros destinos. El objetivo de todos es atraer un turismo de calidad, que no genere conflictos, que disfrute y gaste cada vez más, pero para ello se echa en falta por parte de las autoridades acciones que pongan de relieve la importancia del sector en la economía y la imagen de la isla. Desconcierta comprobar que ese liderazgo mundial de Ibiza en ocio está lleno de recelos y prejuicios en algunos ámbitos locales. El estudio puede ayudar a entender todo lo que está en juego.

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