Opinión / Juan Carlos Rodríguez Tur

La última fechoría de Costas

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Los concesionarios del municipio de Sant Joan padecen una severa e incomprensible discriminación port parte de la Demarcación de Costas de las Islas Baleares, en tanto que todavía no les ha permitido que inicien su actividad. Estamos a 4 de julio y la demarcación que dirige Almudena Domínguez todavía no se ha dignado a dar respuesta a las reiteradas peticiones y solicitudes del Ayuntamiento de Sant Joan de Labritja para que autoricen la ocupación del dominio público marítimo-terrestre. La primera solicitud se hizo nada menos que el 5 de diciembre del año pasado, pero Costas sólo ha contestado con evasivas que no producen otro efecto que enervar a los concesionarios del municipio que comprueban como sus vecinos de otros municipios ya funcionan con normalidad, mientras ellos siguen cerrados a cal y canto. Además, el consistorio decidió instar la prórroga de las concesiones de 2019 para este año, ante la imposibilidad de hacer una nueva licitación, sobre lo que la Demarcación de Costas tampoco se ha pronunciado todavía. Pudiera parecer que este ninguneo manifiesto hacia Sant Joan obedece a una espúrea voluntad de no querer otorgar la autorización solicitada por activa y por pasiva, lo cual contrastaría con los falaces mensajes emitidos por parte del Gobierno y por parte del Govern Balear de querer ayudar a los pequeños empresarios a capear esta crisis ecónomica. Mientras las asociaciones de vecinos se esfuerzan por mantener el estado de sus playas para que los usuarios las puedan disfrutar, de Costas sólo reciben menosprecio y desinterés. Primero abandonaron escombros en el Puerto de Sant Miquel y ahora abandonan a su suerte las playas del municipio. Si esta situación insostenible se prolonga, deberán comparecer para dar una explicación.

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