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Para mucha gente emprendedora y competitiva la vida es una carrera de obstáculos. Les encanta saltar obstáculos con una pierna por delante y la otra encogida; les gusta tanto que si algún día no hay obstáculos se los inventan, y más grandes puesto que son imaginarios. Esta gente suele hacer carrera (de obstáculos), en la política, finanzas o espectáculos, y a menudo los vemos por televisión explicando cómo salvarán futuros escollos de gran tamaño, todavía invisibles para el común de los mortales.

Anticipan los obstáculos, se diría que los generan sobre la marcha. Yo no soy de esos, sino de los que se aburren en los atascos, atolladeros y obstáculos, y prefieren esquivarlos antes que saltarlos. No sirvo para las carreras de obstáculos, porque eludiría las vallas haciendo eses, y aunque en un alarde de facultades sobrehumanas llegase el primero, sería descalificado por trayectoria ilegal. Obstáculo insalvable, la legalidad. A los pavos les sucede algo parecido. Aunque es ave de cortos vuelos, lo cierto es que pueden volar, pero les da pereza, y como en su hábitat natural están acostumbrados a rodear los obstáculos (pedruscos, troncos caídos), si les encierras con una cerca bajita empiezan a dar vueltas y ni se les ocurre saltarla aleteando. Si fuese alta, igual se animaban a largarse. En fin, que en esto de los obstáculos y escollos en el camino hay gente para todo, y toda clase de teorías. Que se reducen a dos.

Los que creen que la existencia es una carrera de obstáculos, siendo el principal los otros corredores, y los que hemos venido a este mundo a sestear, y sólo si no hay más remedio, aventuramos un corto vuelo en lugar de orillar el escollo. Lo que nos lleva a la inmediata descalificación, puesto que los que mandan y establecen las reglas son los primeros. No es de extrañar que cada vez haya más obstáculos por todas partes, reales o imaginarios, analógicos o digitales, y grandes atascos para intentar salvarlos, así como numerosos escollos cada dos pasos, lo que hace muy difícil levantarse por las mañanas. Abres los ojos, ves lo que tienes por delante, y los vuelves a cerrar. A la mierda, mascullas. Perdonen el impertinente desahogo. Hoy me hacía falta.