Un atasco en Ibiza. | Marcelo Sastre - Archivo

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Que en Ibiza sobran coches y turistas hace muchos años que se repite. Yo personalmente estoy en contra de poner límites ni controles, pero es una certeza de que hay una saturación de vehículos en las carreteras de la isla, y diría que no solo durante los meses de verano. No sé cómo estaríamos ahora sin las demonizadas carreteras de Ibiza que provocaron tantas protestas, pero esa es otra historia. En estos momentos nos encontramos en el punto de que el Consell d’Eivissa va a impulsar una ley para poner control a la llegada de vehículos en verano, utilizando para ello un sistema similar al que existe en Formentera.

A falta de conocer la letra pequeña de la iniciativa, convendría plantear la necesidad de que el Consell busque mejores fórmulas que las utilizadas en Formentera, cuyos límites han servido para recaudar más dinero y, en cambio, no han rebajado el número de vehículos que llegan a la isla. Dicho esto, propongo que se hable con las navieras (los coches solo llegan en las bodegas de los barcos), con los rent a car, y busquen soluciones sostenibles y poco traumáticas. Las hay, pero deben ejercerse con valentía.

Hace unas semanas estuve en una gran ciudad haciendo turismo y me sorprendió que había muchos menos coches circulando por las calles de los que se veían en las películas. Al pasar por un edificio de aparcamientos lo entendí todo. Aparcar durante una hora costaba unos 15 euros la hora. Todo el día, 60 euros. Al mes, 600 euros. Con estos precios, ¿alguien tiene alguna duda de utilizar el transporte público para acudir al trabajo cada día? Hay que cambiar las normas, pero también de mentalidad. Poner límites a la llegada de coches vía marítima a Ibiza puede ser la solución, pero también hay que mejorar muchísimo el transporte público, las marquesinas, los tiempos de espera, la información al usuario y los precios. Y eso cuesta dinero. Lo que sí sería aconsejable es que este debate no derive en una demonización del turismo, que es lo que suele ocurrir.