Una playa de Formentera. | Imagen de jimmy di lorenzo en Pixabay

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Esta es la frase más repetida en estos días, en conversación con cualquier empresario de cualquier sector en Formentera. Los hoteles de toda la vida, compiten con las nuevas ofertas luxury por incorporar a los miembros de su plantilla. Muchas de las cajas de los supermercados están cerradas por no tener a nadie que las atienda, restaurantes que han reducido el número de mesas por no disponer de camareros y personal de cocina. En algunos de los flamantes establecimientos que se anuncian y cobran como alta cocina, el camarero no sabe desespinar un pescado, por falta de experiencia.

Las escuelas de verano, no han podido atender todas las solicitudes al no disponer de monitores suficientes. Las redes sociales están llenas de ofertas de trabajo de todo tipo, eso si, con la coletilla «que disponga de vivienda». El otro día un hotelero me confesaba que en este momento no hay ni una sola habitación disponible para alquilar como vivienda para trabajadores y por tanto si se producía una baja en su equipo, no podía cubrirla.

Muchas familias con hijos están marchándose de Formentera, después de años de residencia, por que no pueden asumir el coste de la vivienda. Ese es el verdadero problema: El mercado de la vivienda está peor que nunca. Siempre ha sido un problema, pero este año la situación ha reventado.

Si tenemos que buscar responsables, no nos engañemos, todos lo somos. Los propietarios por abusar estrepitosamente del precio de sus propiedades, los inquilinos por tragar con condiciones draconianas amparándose en aquello de «esto es Formentera», los empresarios por montar negocios sin planificar la materia prima más importante: la humana. Y por último los políticos que desde hace muchos años han ido dando palos de ciego en un mercado que no pueden ni quieren controlar.