Rafa Ruiz. | Archivo

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Al alcalde de Ibiza, el socialista Rafa Ruiz, le cuesta cada vez más ocultar su desagrado cuando asisto a sus ruedas de prensa. Y eso que, en alguna ocasión, he sido la única periodista que ha acudido a la cita. Algo que, por cierto, debería hacérselo mirar porque, si siendo el alcalde de la capital ibicenca, solo va un periodista a tus ruedas de prensa, es que alguna cosa estás haciendo mal.

Pero vayamos al lío. El último rifirrafe con Ruiz ha venido por un tuit que publiqué en mi cuenta personal de Twitter llamándole trolero. No le ha gustado y ha aprovechado una rueda de prensa para leerme la cartilla en público. Yo lo entendería si hubiera publicado el mensaje en la cuenta de Twitter del periódico. Pero es mi cuenta personal. Y puedo publicar en ella lo que me apetezca porque, además de periodista, soy una ciudadana con derecho a opinar, tal y como indica el artículo 20 de la Constitución.

Algunos pensarán que también Ruiz tiene derecho a opinar y a responderme. Claro que sí. Pero no tiene derecho a utilizar su posición de poder como alcalde para intentar amedrentarme o amenazarme. Eso no es aceptable.

En realidad, Ruiz es un gran cínico. Capaz de simular que llora cuando habla de su gestión de los servicios sociales mientras el centro de la ciudad está plagado de yonkis y mendigos. Capaz de apostar porque en Vila solo se pueda construir vivienda protegida mientras facilita la especulación en cas Mut y en Talamanca. Capaz de presumir de la limpieza municipal mientras son los propios vecinos los que tienen que fregar las calles del Patrimonio de la Humanidad. Capaz de hacerse el ofendido cuando le enfrentan a su realidad.