Un ventilador en un aula de un centro educativo de Ibiza. | Daniel Espinosa

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Llevamos años en los que el verano convierte Ibiza en una auténtica sartén que nada tiene que envidiar, en lo que a temperaturas se refiere, a otras zonas de España en las que históricamente los termómetros revientan desde mediados de primavera y hasta bien entrado el otoño. A pesar de que esto es más que conocido, el Govern no ha tomado medidas para paliar los efectos de unas olas de calor que cada vez empiezan antes y son más intensas y seguidas. Y así nos encontramos con que en la isla más lujosa del Mediterráneo hay centros escolares públicos que carecen de los sistemas adecuados para hacer frente a la situación, a pesar del peligro y la incomodidad que conlleva.     

Que sean las familias las que aporten ventiladores y agua debería ser una gran señal de alarma para la Conselleria de Educación. Que esta sea la solución es consecuencia directa del inaceptable despilfarro de la Administración en general y del Govern en particular. Y les pongo un ejemplo muy fácil de entender: con el millón de euros procedentes de la ecotasa gastados en un concierto que apenas ha tenido beneficios (salvo para sus organizadores), se podrían haber comprado más de 5.000 ventiladores, a 200 euros por aparato.

Con el mismo millón de euros, además, se podrían haber convertido los patios de algunos colegios en los ahora tan de moda refugios climáticos, dotando de sombras y vegetación a unos espacios en los que resulta casi imposible permanecer cuando el calor aprieta.

Sé que predico en el desierto y que nadie en Palma tomará nota pero espero que sí lo hagan las familias y que exijan allí donde toca que quienes tienen la obligación de solucionar el problema lo hagan.