Vajaba tres veces a la semana a Ibiza para someterse a diálisis. | Toni Ruiz

0

José Ignacio Monte Montuno (Segovia, 29/09/1958) al que todo el mundo conoce como ‘Tato’ conoció Formentera hace 40 años cuando vino a acompañar a una amiga que estaba haciendo la temporada. La isla le cautivó de manera que decidió quedarse a vivir en ella hasta el día de hoy. Prácticamente toda su vida laboral la ha desarrollado en Formentera, pues ha sido el responsable de la perrera municipal, haciendo un extraordinario trabajo, con la guarda y custodia de animales perdidos o abandonados. Su bonhomía le ha hecho alguien muy popular y estimado en la isla, que por fin celebra el éxito de su trasplante de riñón.

Tato estuvo durante dos años sometiéndose al tratamiento de hemodiálisis en el hospital Can Misses, donde debía desplazarse tres veces por semana, junto a otros dos pacientes que estaban en la misma situación. Tato fue muy activo en la reivindicación de la recuperación de este servicio en el hospital de Formentera, lo que será una realidad el próximo mes de junio, aunque él no lo probará, al tener ahora un riñón que funciona perfectamente.

Cuéntenos la historia de su trasplante…
— Durante los dos años en los que me he sometido a diálisis he ido pasando todo tipo de pruebas médicas. Finalmente, el 14 de marzo me llevaron a la lista de espera oficial de aptos para trasplante y justo el día 23 me trasplantaban el riñón. Todo ha sido muy rápido.

¿Cuanto duró la intervención?
— Entramos en quirófano sobre las 23.00 horas y la operación duró aproximadamente tres horas. Luego tiene lugar lo que llaman el despertar, que fue a las 07.00 horas y ese momento es vital. Si en las primeras 48 horas no hay rechazo del órgano, casi se puede hablar de que el riñón se ha ‘enganchado’ bien.    Es una operación muy seria, sueles tener anemia y estás sondado, pero todo fue muy bien. De hecho, el 1 de abril me dieron el alta, pero no me pude venir a Formentera porque había temporal y el puerto estaba cerrado y volví el día 4. Empecé a hacer vida normal: tomaba mi medicación, desayunaba, algún amigo me venía a buscar e íbamos a dar una vuelta...

¿Ha habido alguna complicación posterior?
— Sí, algunos días después me desvanecí y resultó ser una infección de orina, lo que es bastante común, ya que para evitar que el cuerpo rechace el nuevo órgano te dan mucha medicación inmunodepresora y eso te deja muy bajo de defensas. Me ingresaron otros 15 días en Palma, con antibióticos y medicación, hasta solucionar el problema.

Un mes y medio después del trasplante, ¿podemos hablar de éxito?
— Todo indica que sí. El riñón está bien colocado, los datos bioquímicos de creatinina son los correctos, lo cual demuestra que el órgano está funcionando estupendamente.

¿Y cómo le ha cambiado a usted la vida?
— Muchísimo. Lo primero es olvidarme de tener que coger la barca tres días a la semana, lo cual me permite tener mucha más libertad y mi cuerpo se comporta mucho mejor; me siento mucho más fuerte. Y sobre todo no tengo que estar pendiente del tiempo, de si hay temporal para la barca. Y, por otra parte, está la cuestión anímica, saber que alguien que ha fallecido ha donado sus dos riñones y ha salvado dos vidas es una inyección de energía impresionante. El otro riñón fue para una mujer de Menorca y ella y yo vivimos mucho mejor gracias a la generosidad de alguien que ya no está.

España es, desde hace años, el país líder en donación de órganos...
— Es cierto, pero creo que la gente todavía se debe concienciar mucho más de la necesidad de hacerse donante. ¿Para qué queremos nuestros órganos sanos cuando ya no estemos aquí? Se pudrirán en una caja o se quemarán en un horno y algunas personas los pueden necesitar para emprender una nueva vida. El hospital de Son Espases está muy bien preparado en trasplantes de riñones; además hoy en día las posibilidades de rechazo no superan el 15%, mientras que hace solo unos años eran de casi el 40%.

En Periódico de Ibiza y Formentera hemos hablado con usted en el pasado en muchas ocasiones a propósito de su lucha por la recuperación de la hemodiálisis para el hospital de Formentera y justo ahora que va a ser una realidad usted no    lo va a tener que utilizar.
— Este logro ha sido algo formidable. Éramos tres pacientes que dependíamos de una máquina que estaba en otra isla y que nos obligaba a viajar en todo tipo de condiciones marítimas. Ahora, lamentablemente, Xicu falleció y solo quedará Carlos como usuario del nuevo servicio, pero es algo muy importante que ha    ganado la isla. La lucha social y la cohesión que hemos conseguido en este asunto, que al principio se nos dijo que era totalmente imposible, ha sido emocionante. El papel de los medios de comunicación ha sido determinante; cuando el tema empezó a salir en la prensa, la radio y la televisión a mí me llamaban ‘El Pantojo’, pero visibilizamos el problema. Mucha gente en Formentera estaba convencida de que había hemodiálisis y en Palma todavía mucho más. Las firmas recogidas, el papel de todos los partidos políticos, el cariño recibido, me han hecho creer de nuevo en esta sociedad y el servicio estará disponible el próximo mes para Carlos y creo que otra señora también podrá hacer uso de él y no olvidemos que había muchos turistas que no podían venir a Formentera al no poder limpiar su sangre.Tenemos que seguir luchando por los servicios del hospital de Formentera, que se ha quedado pequeño, pierde servicios. Esperemos que se recupere la normalidad en Oncología, pero debemos reivindicar los mismos derechos que cualquier otro ciudadano del resto de las islas. Dinero hay y debe dedicarse a lo realmente importante.

Llegados a este punto, ¿qué le pide usted a la vida?
— Todo. Hacer diálisis me permitía vivir relativamente bien, pero tiene un desgaste físico impresionante, que solo sabe el que se somete a ella, ya que es muy agresiva. El trasplante acaba con todo eso; si el riñón nuevo funciona correctamente, como es el caso, puedo volver a poner el contador a cero y me quedan decenas de años de vida.