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Mari Carmen Serra (Ibiza, 1962) regenta junto a Vicente Tejada, su marido, el negocio familiar que abrieron juntos hace 29 años.

—¿Es usted de Vila?
—Sí, nací en Dalt Vila, en la calle Santa Faz número 6. Al lado de la iglesia de l’Hospitalet. Allí crecí hasta que, a los 13 años, nos mudamos a Vila con la familia.

—¿Cómo era la infancia en Dalt Vila en esos tiempos?
—Muy divertida. Jugábamos en la calle San José, había muchos niños y niñas. Recuerdo que para Sant Joan adornábamos la calle con banderitas y con la fogata. O en Sant Cristófol, cuando nos mojábamos unos a otros. Había una mezcla de gente ibicenca y forastera, que habían llegado hacía poco. Eran unos tiempos en los que todos cuidábamos de todos.

—¿Era una zona humilde con gente humilde?
—Sí. Sin ir más lejos, mi padre era carretero y luego obrero en la construcción. Se llamaba Juanito Vic, pero todo el mundo le conocía por Viquet y era muy bueno en las carreras de trotones. De hecho el primer premio que dieron al mejor deportista en hípica se lo dieron a él.

—¿Se interesó usted por el mundo de la hípica?
—No. Fíjate que nunca me he llegado a subir a un caballo. En el carro sí y darles de comer y todo eso también pero creo que me daría miedo subirme (ríe).

—¿Le pesó mudarse de Dalt Vila a Vila?
—No te creas. Piensa que yo iba al colegio en las monjas de San Vicente de Paul y me hacía el día en Vila con el grupito de amigas. También iba a francés. Cuando acabé octavo hice contabilidad, mecanografía y esas cosas que hacíamos entonces. Luego me casé muy joven y no acabé la carrera (ríe).

—¿Con quién se casó?
—Me casé con Vicente en 1980. Aunque me casé joven, a los 19 años, ya éramos novios hacía cinco. ¡Y aquí seguimos!

—¿A qué se dedicaban?
—Vicente trabajaba en Iberia y yo en la tienda de deportes de Cas Datilet, en la calle Castilla, que era de mi padrino.

—Tienen una tienda de trofeos, ¿cuándo la pusieron en marcha?
—La abrimos mi marido y yo en 1993, en la misma calle Castilla, dónde el local mi padrino. Allí estuvimos un par de años hasta que supimos de este local en la calle Vicente Serra y desde entonces estamos aquí.

—¿Es una de las últimas tiendas en Ibiza de su gremio?
—También hay otra en Santa Eulària, y no estoy segura de si alguien sigue en Sant Antoni. También hay quién que se dedica a venderlos por catálogo.

—¿Encargan sus trofeos a artesanos?, ¿los piden por catálogo?, ¿cómo funciona este comercio?
—Pedimos sobre catálogo, pero a mi me gusta hacer cosas raras. Compramos cerámicas y productos a artistas y artesanos ibicencos. Procuramos que el dinero se quede en Ibiza. En todos los sentidos: desde los artesanos hasta las máquinas o los metacrilatos. Con internet la gente se vuelve loca y se están arruinando muchos negocios como este.

—¿Cómo ha evolucionado el mundo del trofeo durante estos años?
—Muchísimo. Antes solo había esas placas de madera, ahora hay multitud de materiales distintos: metacrilatos, vidrios, maderas... además nosotros introdujimos los regalos como trofeo. Me rompo mucho la cabeza, hacemos una tirada de elefantes, o de motivos egipcios o jarrones, por ejemplo. Tenemos Tánits y payeses y también gustan mucho las ánforas. Funciona muy bien, piensa que hay deportes como la petanca que hacen muchos campeonatos y dan muchos trofeos, al final se les llenan las estanterías de trofeos y prefieren tener algo más decorativo.

—¿Con qué artistas trabajan?
—Quién nos hace las Tánits es Anglada, una escultora de fuera que trabaja muy bien con piedra artificial. En Ibiza trabajamos con los que hacen barro, con Andreu, con los hijos de Alejandro Moreno, con Frígoles, Tuniet. También colaboramos con Neus Escandell y tenemos una escultura de dos payeses que gustan mucho y que nos la hizo Pedro Hormigo.

—¿Cómo han pasado los años de pandemia?
—Han sido muy duros. Piensa que cuando saltó el estado de alarma nos pilló con el almacén lleno de género. Se anularon todos los torneos y demás, ha sido un horror durante dos años. Cada mes se iban 7.000 u 8.000 euros sin que entrara nadie a la tienda. Además, cuando cerraron todo, nosotros no quisimos dejar a nadie sin pagar y pagamos a todo el mundo con nuestros ahorros. Eso fue un error, por que al no tener deudas nos perdimos la gran parte de las ayudas. Pero nuestros proveedores, igual que nuestros clientes, son casi familia y no les íbamos a dejar sin pagar.

—¿Es un negocio con futuro?
—Sí, esto es un negocio familiar y mi hijo ya está implicado en él. Además también está mi hermana y Diana, ahora la juventud es quién está levantando esto. Nosotros solo estamos de comparsa a la espera de poder jubilarnos. Aunque al paso que vamos, como no nos toque la primitiva lo veo difícil tras estos dos años terribles de pandemia.