Vicenta en su tienda de tejidos. | Toni Planells

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Vicenta Ferrer (Calle de la Virgen, Ibiza, 1949) sigue, a sus 73 años, al pie del cañón en su tienda, Tejidos Salazar. Ubicada en pleno centro de Vila, se trata de la última tienda de telas, según ella misma, que se abrió en Ibiza y que sigue manteniendo, tras cuatro décadas, el mismo espíritu de barrio del primer día.

— ¿De dónde es usted?
— De Vila, nací en la calle de la Virgen, en el número 41 concretamente. Mi padre era Vicente de Can Musón y mi madre Maria Rimbaus. Allí vivíamos toda la familia, con mi hermano mayor, Paco, y mis hermanas Fina y Carmen. Yo era la pequeña.

—¿Vivieron allí siempre?
— No. Era un segundo piso y, cuando empezaron a llegar los turistas, mi madre dijo que era el momento de vender el piso. Y lo vendió enseguida, sin tener otro ni mirado. Unos meses más tarde compraron un piso nuevo en Vila. Mira que el piso de la calle de la Virgen era grande y bonito, la verdad es que lo echo de menos.

— ¿A qué colegio iba?
— Al mejor: sa Graduada. Guardo muy buenos recuerdos de aquellos años. De doña Ángeles, doña Asunción, que las recuerdo con cariño. Lo pasábamos muy bien. Todavía conservo a mis amigas de esa época, a Irene, María, Asunción, Rocío, Josefina...

— Tiene una tienda de ropa ¿ha trabajado siempre en este sector?
— Así es, primero estuve trabajando, desde los 14 años, en Can Xinxó de dins, durante 15 años como dependienta. Allí se vendía tela, lo mismo que vendo ahora.

— ¿Se vendía mucha tela en aquellos años?
— Sí. Entonces no había tiendas de ropa confeccionada como hay ahora. Lo que se hacía era comprar la tela para después llevársela a la modista o al sastre para que te hiciera el vestido. Antes la modista ya te había tomado las medidas y te había dicho los metros de tal o cual tela necesitabas. Se la llevabas y te la hacía.

— ¿Se tardaba mucho en tener la prenda confeccionada?
— Depende de la época. En verano menos, pero en invierno había mucho trabajo y se tardaba más, por Corpus o por Navidad había muchísimo trabajo. Se podía estar cosiendo todo el día y toda la noche para terminar los encargos a tiempo. Por ejemplo, para hacer un vestidito a una niña para ir a una comunión, podías estar una jornada entera. A la hora de cobrarlo, en aquellos tiempos, a lo mejor serían unas 100 pesetas.

— ¿Cose usted?
— No. Quién cosía era mi padre. Él era sastre, yo un desastre (ríe). Yo he sido una vendedora toda la vida, que ha mantenido a dos hijos, Vicent y Paco, y una casa.

— ¿Había muchos sastres en Ibiza en la época?
— Sí. Estaba Juanito, Balançat... Había muchos. Era un oficio del que vivimos toda la familia siempre. Recuerdo esa época con mucho cariño. Mi padre tenía el taller en la calle Mayor, al lado de Can Casetes y almacenes Tur, al lado de Sant Elmo. Allí trabajaba junto a mi madre, mi hermano Paco, que también fue sastre, y con mi cuñada, Lineta. Mi hermano fue sastre hasta que mi padre murió. Entonces se dedicó a lo que realmente le gustaba, la carnicería, haciendo matanzas y sobrassadas en Can Ferrà. Mis hermanas, Fina y Carmen (que ya no está), trabajaron en La Bota y yo en Can Xinxó como te dije. Todos acabamos trabajando con relación a la tela.

— ¿Cuándo decidió abrir su propia tienda?
— Cuando cerraron Can Xinxó para hacer reformas. Serían principios de los años 80. Querían que me quedara de encargada, y me dijeron que me lo arreglarían para poder cobrar el paro mientras tanto, pero eso no me interesaba. Así que, con la indemnización (1.000 pesetas) y cuatro recortes de tela que me dieron, monté mi propia tienda.

— ¿Qué clientela tenía cuando abrió?
— La misma que tengo ahora, la gente del barrio. También era una época en la que todavía quedaban algunas modistas.    No muchas, pero sí que eran auténticas artistas. Por ejemplo Catalineta de Can Pep Toni. Pero la verdadera número uno, era Francisca de Can Mayol, con ella cosía mi madrina Maria, que estaba casada con mi tio Pep Rimbaus.

— ¿Todavía era un negocio con futuro?
— Desde que lo abrí, nadie más ha vuelto a abrir uno. Así que imagínate. Pero aquí sigo, es lo que a mí me gusta, las telas. Pero 40 años después, aquí estoy, mientras me queden fuerzas y ganas.

— ¿Piensa en retirarse?
— Sí. Pero no tengo ninguna fecha en mente. Sé que lo dejaré, pero todavía no sé cuando. Las ganas van por días, pero ,cuando decida cerrar estoy seguro de que no lo voy a echar de menos. Las cosas tienen que acabarse en algún momento, pero reconozco que, de momento me cuesta. Sigo estando a gusto, pero ya tengo 73 años. Ya veremos.