Agricultura encarga un informe a Tragsa para conocer el estado de la balsa de sa Rota

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La Alianza por el Agua exigió ayer a la Conselleria de Agricultura del Govern balear que ponga en marcha la balsa de riego agrícola con agua regenerada de sa Rota. «El impulso del agua regenerada de depuradora en las Pitiusas es determinante para recuperar la actividad agrícola, garantizar la conservación del paisaje rural y promover el producto local», señalaron.

En este sentido, desde la Conselleria avanzaron que, «hace unos meses», encargaron un informe a la empresa pública Tragsa para conocer el estado en el que se encuentra la infraestructura, situada entre las parroquias de Sant Llorenç y Santa Eulària.

Según informaron, se espera tener dicho informe a principios del próximo año y, en caso de que la balsa necesite algún arreglo o cambio, «se estudiará si con el Presupuesto de 2020 se puede hacer algo».

Y es que la infraestructura, que tiene una capacidad de 200.000 metros cúbicos de agua procedente de la depuradora de Santa Eulària, lleva inoperativa casi dos décadas porque el agua tiene demasiados cloruros, lo que la hace inservible para el riego.

En esta línea, Joana Maria Garau, directora general de Recursos Hídricos, explicó que en zonas costeras no es fácil reutilizar el agua porque los municipios que están cerca del mar «sufren intrusión salina» en la red de abastecimiento.

Garau especificó que «el mismo agua de boca tiene salinidad». «Cuando la utilizamos, lo que hacemos es añadirle sal, como pasa en el lavavajillas», agregó. Esto genera un problema que se suma a las infiltraciones que sufren generalmente los colectores principales de las aguas residuales que están a cotas muy bajas, por lo que «es muy posible que entre agua de mar en la red».

Otro problema añadido es que muchas instalaciones grandes tienen desaladoras privadas y, a veces, «ocurre que se inyectan las salmueras en la red de alcantarillado; esto hace que el agua llegue muy cargada de sal a las depuradoras».

Esto tiene un impacto sobre la depuración porque «a las bacterias que depuran el agua no les gusta la sal», detalló Garau, lo que no permite eliminar la sal del agua depurada. «Con lo cual, se hace muy complicado reutilizar esas aguas», subrayó.

Puso como ejemplo la balsa de riego de Formentera ya que, después de la depuración, «hay que desalinizar esa agua de la balsa de riego para poderla utilizar».

Por ello, desde la Conselleria de Agricultura no descartan colocar unos filtros para los sólidos en suspensión, como en la Pitiusa menor. «El problema es que, en el tema de balsas, Recursos Hídricos es competencia de una parte; Agricultura, de otra, y consells, de otra. Y todo es más complicado», indicaron.

Aún así, reiteraron que, una vez se tenga el resultado del estudio, «veremos qué se puede hacer».

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