Cristóbal -nombre ficticio- maneja una caja en su local en la calle Pérez Cabrero i Tur. | DANIEL ESPINOSA

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Eran las diez de la mañana de ayer y Rosa Ruiz -agente inmobiliario- le entregó, como cada semana desde hace seis años, una caja con alimentos y productos de primera necesidad a Cristóbal en el local que le cedieron en la calle Pérez Cabrero i Tur. Pese a que se encuentra en el paro, sigue colaborando. «Ahora, más que nunca, es cuando más falta hace», dijo Rosa. La fama de Cristóbal está creciendo. Lleva ya más de 1.100 firmas de apoyo en su página web de Facebook ‘La voz que nadie quiere escuchar’. Además, según contó, fue llamado por Ana Rosa Quintana para salir en su programa de televisión, pero rechazó la oferta. «No me fío de los periodistas ni de los médicos» podría ser su frase de cabecera. Pese a todo, atendió a Periódico de Ibiza y Formentera.

¿Sabe en qué consiste la propuesta de sanción?
—No. Tendrá que ser el director insular de la Administración General del Estado (AGE) el que decida si me mete en la cárcel o quiere multarme. Quizás tengo que pedir permiso para dar de comer a los que lo necesitan, no sé…

¿Cuánto tiempo piensa continuar con esta actividad?
—Hasta que me detengan, porque, visto lo visto, parece ser que a alguna mano negra no le interesa que demostremos que, sin recibir dinero y sin subvenciones públicas, se puede dar de comer a 200 familias.

¿Por qué no pide una licencia? ¿Tanto problema es solicitarla?
—Es que este movimiento social se creó sin esperar que sucedieran estas cosas. Antes lo hacíamos en plan particular. Éramos vecinos, jubilados, parados y gente con trabajo que nos estábamos echando una mano entre todos. Ahora esto se ha hecho grande y estoy de acuerdo en que habrá que pedir una licencia, pero estos no son momentos de burocracia, sino de ayudar a las personas. Si ahora nos ponemos a buscar permisos para dar de comer a quien lo necesite, cuando los hayamos encontrado se habrá muerto de hambre.

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Desde alguna institución, ¿alguien se ha puesto en contacto con usted desde que está aquí?.
—Sí. Desde el Consell un cargo nos dijo que iba a colaborar en lo que pudiera y que, claro, los permisos… Hace un momento, el director insular de la Administración General del Estado me ha llamado por teléfono para decirme que está muy bien lo que hacemos, pero que hacen falta unos permisos y unos seguros. Yo estoy de acuerdo, pero el viernes aquí habrá 200 personas para comer. ¿Cerramos la puerta y nos ponemos a arreglar papeles? Yo pienso que primero son las personas y luego ya buscaremos los papeles. Tenemos todo en regla, cumplimos todas las normas de seguridad y de higiene. Que vengan ellos y lo comprueben.

Entregan estos productos los viernes, sábados y domingos. ¿Abrirán, aunque sea sin permiso?
—Sí. Hemos decidido que seguiremos abriendo porque no vamos a dejar a la gente sin comer. Si tenemos que dejar a la gente sin comer por no tener un permiso… Una autorización para dar de comer a la persona que lo necesita no es muy comprensible. Repito que tenemos todos los sistemas de seguridad posibles, con gente controlando que no se desmadre la cosa o dando guantes. Si en la cola encontramos gente con alzhemier, o personas mayores, o embarazadas, como el otro día, las acompañamos y les llenamos la bolsa. Lo que no se puede permitir es que, no por seguridad, sino por un asunto administrativo, tengamos que dejar de dar de comer a 200 personas con sus respectivas familias.

¿Qué espera que suceda en los próximos días?
—No sé. Yo estoy de acuerdo en que hay que buscar una licencia, pero no tenemos tiempo. Primero hay que dar de comer a las personas y después nos ocuparemos de la burocracia. Me han propuesto para sanción, pero yo seguiré viniendo aquí. Si deciden detenerme, que me detengan, pero me detendrán por intentar ayudar a las personas que lo necesitan.

¿Cómo lleva la relación con las instituciones?
—Supongo que Ayuntamiento y Consell estarán sentados y calentando los sillones. Yo creo que esto, después de diez años, habrá molestado a algunas ONGs que reciben dinero y subvenciones públicas. Ahora es cuando empiezan a llamar el Ayuntamiento y el Consell para intentar solucionarlo. Por mi parte, se va a solucionar lo que quieran. Lo queremos hacer todo legalmente, pero, de momento, aquí no ha venido nadie. Nos dicen que pidamos permiso, pero nosotros lo que intentamos es llenar las cajas para que la gente coma. Ya buscaremos permisos, pero primero que coman. Cuando todo el mundo haya comido, dormiremos la siesta.

Entonces, ¿los invitaría a ver la labor que realizan?
—Están invitados, pero es un problema, porque a todos cuantos invitamos les decimos que tienen que colaborar, quizá cogiendo una caja, y a lo mejor les cuesta. Aquí todos nos arremangamos y yo creo que a ellos quizá les cueste un poco. Están acostumbrados a estar sentados en la silla y posiblemente es más fácil venir a hacer presencia que a coger una caja.