Coronavirus

«Afortunadamente nos sigue quedando nuestro cliente de toda la vida»

El pequeño comercio de la ciudad de Ibiza intenta sobrevivir a la crisis económica que ha dejado el coronavirus mientras se adapta a las nuevas medidas obligatorias para poder funcionar

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Las tiendas pequeñas de la ciudad de Ibiza siguen contando con una clientela fija que poco a poco va volviendo a comprar.

Las tiendas pequeñas de la ciudad de Ibiza siguen contando con una clientela fija que poco a poco va volviendo a comprar.

18-05-2020DANIEL ESPINOSA

Con la Fase 1 en marcha desde hace una semana, Vila va cogiendo color y ambiente. Las terrazas de los bares y cafeterías ya tienen más clientes y cada vez hay más tiendas abiertas. El centro de la ciudad intenta volver a una normalidad muy distinta a la de hace dos meses entre mascarillas, guantes, geles desinfectantes y limitaciones de aforo. Una normalidad que, tal y como aseguran muchos tenderos, será complicada por la falta de turistas.

Tal y como explicó ayer a Periódico de Ibiza y Formentera, José Javier Marí Noguera, presidente de la Asociación de Comercio Minorista de Pimeef, «se vive día a día y partido a partido como dice el entrenador del Atlético de Madrid, Cholo Simeone». Algo que se debe, fundamentalmente, «a que es difícil saber cómo va a ir dentro de una o dos semanas debido fundamentalmente al descenso del turismo».

A pesar de ser cautos, los comercios pequeños aseguran, por boca de su presidente, que esta primera semana «ha sido positiva porque en la mayoría de los casos se han superado las expectativas creadas». Algo que, tal vez se deba, según Marí Noguera, a «que afortunadamente el cliente de toda la vida siempre está ahí».

«Unos primeros días buenos»
El entorno de la iglesia de Santa Cruz, la calle Aragón o la zona del Mercat Nou de Ibiza, sirve de termómetro sobre estos primeros días de apertura y «falsa normalidad» tras la llegada del coronavirus a nuestras vidas.

En Salom Shoes & Complements, situada desde hace años en la Plaza Pintor Calbet, encontramos a Ana Salazar. Nos atiende con una sonrisa escondida tras una mascarilla y con muchísimo zapato expuesto entre carteles de horarios especiales, buenos precios y direcciones de correo electrónico y teléfonos para hacer pedidos a domicilio. «Los tres primeros días desde que abrimos fueron muy buenos porque tenemos clientes fijos que tenían ganas de venir pero luego al sancionar a uno de los bares de la plaza hubo un pequeño frenazo que hizo que, por ejemplo, el jueves no vendiera ni un euro».

Imagen de Ana Salazar. Foto: Daniel Espinosa.

En su caso, los dos meses que ha tenido cerrada la tienda le ha hecho acumular género al que dar salida. Por ello, se plantea algún tipo de rebajas, «siempre manteniendo las medidas de seguridad y de aforo» y recurre intensamente, «como nunca habíamos hecho», a la venta por redes sociales y entrega a domicilio.

Entre las que ven el vaso medio lleno está Sandra, de Art & Cuines. «De momento no nos podemos quejar porque hay bastante movimiento de clientes más o menos fijos que vienen buscando esa pieza de decoración o de vajilla que se les ha roto durante el confinamiento». Lo mismo que Esperanza y Carmen, de la Juguetería Tur. «La gente está viniendo al mismo ritmo que cuando cerramos por el coronavirus y, además, para nosotras es una alegría ver cómo muchos niños y niñas se emocionan al ver lo que tenemos en el escaparate. Tanto que, casi siempre, los padres acaban comprándoles algo para recompensarles por haber sido tan buenos».

Sin embargo, a escasos metros, en la calle Aragón, María Antonia de la zapatería Charol, no es tan optimista. Asegura que de momento «todo está marchando muy lento» y afirma «que aunque estamos muy bien de ánimo lo que nos falta es clientes para dar salida al género que se nos quedó atrapado en estos dos meses que se han perdido con el confinamiento».

Imagen de María Antonia. Foto: Daniel Espinosa.

Además, explica que la gente va con más cautela «al no tener tanto dinero» y «prefiere pensárselo dos veces antes de comprar». Por ello, tampoco descarta algún tipo de ofertas antes de que lleguen las rebajas oficiales de julio.

Tiendas de ropa
Otras tiendas que viven una vuelta a la normalidad muy diferente «y complicada» son las tiendas de ropa.

Encarna, responsable de Gatzara, una de los comercios clásicos de ropa de mujer de Ibiza, aplica un protocolo especial y muy complicado. Las mascarillas, el gel y los guantes son obligatorios y si el cliente no los tiene se los dan en la entrada. Después, usan uno de cada dos probadores para mantener la distancia de seguridad, y tras cada cliente se desinfectan a fondo. La prendas, lo mismo. Cada una que ha sido probada queda en cuarentena en un lugar aislado y se la desinfecta con unas planchas a vapor especiales. Y por si eso fuera poco, dos veces al día toda la tienda recibe un tratamiento con ozono.

Encarna asegura que está viviendo «una época rara porque es como si fuera temporada de invierno en la isla pero con temperaturas de verano». Aún así confirma que «hay clientas fijas que siguen ayudando a que las ventas no sean tan malas a como se podría esperar» y lanza un pequeño dardo. «Echamos en falta más ayuda del Ayuntamiento de Ibiza y Pimeef, porque nosotros, los miembros de la Associació de Comerciants i Professionals Eivissa Centre, hemos tenido que imprimir nuestra cartelería con horarios y medidas sin tener información ni apoyo».

También intenta sobrevivir al día a día Gabi, dueño de la tienda de ropa vintage Picos Pardos, situada en el 22 de la calle Bisbe Abad i Lasierra. «En el invierno cuadramos cuentas con nuestros clientes fijos que viven en Ibiza todo el año, y en verano ganamos dinero con nuestra pasión que es ir a Barcelona, Amsterdam o Berlín para traer ropa diferente que aquí no haya, pero ahora todo está siendo muy complicado porque la gente, si no tiene dinero, no entra a comprarse ropa».

Imagen de Gabi. Foto: Daniel Espinosa.

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