Carolina Arcas posa en el Centro de Salud de Vila. | Daniel Espinosa

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Carolina Arcas Amaro (Valencia, 4/8/1980) lleva en Ibiza prácticamente toda su vida. En la isla comenzó a trabajar como celadora y ahora se ha convertido en una de las caras visibles que tiene este colectivo para pelear por sus derechos. Es la portavoz en las Pitiusas de Reconocimiento del celador ya, una plataforma que se manifestó hace dos semanas en varios puntos de España, entre ellos, el hospital Can Misses.

—¿Qué es un celador?
—El celador es el personal que se encarga de la recepción del paciente en todos los centros sanitarios. Somos los encargados de las movilizaciones, del traslado de pacientes, del traslado de documentación. Somos los que estamos, junto con las auxiliares, las que nos encargamos de las tareas de higiene del paciente…

—¿Cómo es la situación actual del colectivo? ¿Qué se necesita para ser celador?
—Para ser celador con tener un certificado de escolaridad ya es suficiente para poder inscribirte a una bolsa. Luego, cuantos más méritos tengas, aquí por ejemplo saber catalán o hacer cursos a través de internet, más puntuación para conseguir mejores contratos o que te llamen antes. Pero claro, haciendo una formación por internet no tiene experiencia como celador.

—¿Qué problema genera esto?
—El problema general es que llaman a una persona con un certificado escolar que se ha apuntado a la bolsa y no ha pisado nunca un hospital. Se encuentra en hospital y no sabe cómo mover una cama o una camilla. No sabe movilizar a un paciente por ejemplo cuando le han operado de la cadera. No sabe unos primeros auxilios en el caso de ser necesario por ejemplo cuando que saque a un paciente operado de la zona de despertar a la habitación. A mí me pasó una vez que un paciente comenzó a vomitar y yo tuve la suerte de que tengo cursos y experiencia y sabía que lo tenía que poner de lado para que no se ahogara con el vomito. Si no lo sabes, pues estás un poco vendido.

—Sin esta formación, ¿cómo aprende un celador?
—Con la voluntad de los más veteranos. El celador depende de enfermeras que te corrijan cuando estás haciendo una movilización, de auxiliares y de compañeros que en este momento no tengan mucho trabajo y puedan ayudarte. Pero no es así. Tu estás en una planta y tu vas por un lado y el compañero va por otro y no lo ves en toda la mañana. Vas un poco de la mano de Dios y de la voluntad de los compañeros.

—¿Se podría dar el caso de que un celador tuviese que hacer algo y no sepa cómo?
—Sí, claro. Pero esto también pasa con sanitarios que se encuentran con situaciones que no se han dado durante su formación. Aunque es verdad que habría que tener una especie de prácticas. Por ejemplo, oxigenoterapia. Tienes que saber manipular las balas de oxígenos cuando tienes que llevar a un paciente a rayos, colocar la bala, desenchufar de la toma de la pared, luego enchufarla a la bala… son cosas que hay que saber hacer.

—Entonces se podría decir que en la situación actual sin una formación previa es precaria o incluso peligrosa tanto para el celador como para el paciente.
—Exactamente. Precaria no porque nunca estamos solos. Al no ser sanitarios, en teoría, no podemos tocar al paciente solos, pero claro yo si llevo un paciente a rayos pues voy sola si el paciente está estable. Estamos luchando para que se nos declare sanitarios con una formación reglada para los que se incorporen nuevos y luego ya perfeccionar. Esto es como cuando te sacas el carnet de conducir. Tu te sacas el carnet y tienes unas nociones, pero aprender, lo haces con horas de conducción.

—Hace un par de semanas los celadores de toda España salían ha reclamar estos derechos.
—Sí, además de reclamar esta formación y la categoría de sanitarios, durante el inicio de la pandemia nos dejaron como de bajo riesgo y hemos tenido la suerte de que en Baleares no tuvimos tanto problema, pero tuvimos compañeros que tuvieron que dar la cara más de la cuenta. Ahora estamos luchando por esta formación reglada para poder dar una asistencia digna y de calidad tanto para el paciente como para nosotros. Que si nos encontramos con una situación de emergencia, estemos capacitados y sepamos actuar como toca, para poder hacer nuestro trabajo como merecemos. Como auténticos profesionales que somos.

—La figura del celador está reglada por un estatuto del año 71. Supongo que algo habrá cambiado desde entonces.
—Principalmente es en aquella época era la figura del camillero. Ahora, no somos camilleros, formamos parte del engranaje. No solo movemos cajas de farmacia, documentación, si no que estamos en contacto directo con el paciente. Somos los primeros en recibirlos y los últimos en despedirlos. Y, sobre todo, la figura de la mujer celadora que en el estatuto del 71 no está reflejada y ahora somos más mujeres.

—Mencionaba antes que durante el inicio de la pandemia les tocó pelear para ser considerados personal de riesgo, pese a que eran los celadores los que, por ejemplo, tenían que ayudar a poner bocabajo a un paciente crítico de covid.
—Fueron los compañeros de Madrid los que gestionaron todo y fueron cinco o seis meses de lucha. No tenía ni pies ni cabeza porque si teníamos contacto directo con el paciente, ¿cómo íbamos a ser de bajo riesgo? De hecho, fallecieron 10 compañeros. A veces, tenemos mucho más trato directo que el médico porque el médico, gracias a Dios, teniendo su personal de enfermería no tiene que tener un contacto directo, sí un trato directo, pero no contacto. Tu no puedes movilizar a una persona guardando una distancia de seguridad de dos metros.

—¿Están encontrado el apoyo de las instituciones?
—Nosotros en la plataforma somos apolíticos y asindicales. No podemos sentarnos en una mesa de negociación. Desde Madrid es desde donde se están gestionando las cosas, pero la gente se lava las manos. No quieren. Piensa que cambiarnos a una categoría sanitaria es cambiarnos de grupo, incrementar el sueldo, que también es algo precario teniendo en cuenta que cada vez tenemos una mayores responsabilidad. No vamos a decaer en la lucha. El 22 de abril vamos a salir a protestar.

—¿Piensa que este cambio de categoría es la principal barrera que se encuentran en esta lucha?
—Sí. Al final es todo economía. Siempre alegan lo mismo, que no hay dinero.

—Más de un año de pandemia. Más allá de toda esta lucha, ¿cómo ha vivido este tiempo? ¿Ha sido lo más duro de su carrera?
—Pues yo como celadora estuve en una planta de covid. Me acuerdo de un paciente que, junto con la auxiliar, le di el último desayuno. Yo hablaba mucho con él. No olvidemos que tenemos que tener una empatía con los pacientes y los pacientes covid están muy solos en una habitación, les hacíamos videollamadas por teléfono… Es duro. Estamos igual que los enfermeros y los técnicos en cuidados de enfermería, por eso no entendemos que no podamos ser sanitarios, que se nos reconozcan nuestras funciones asistenciales. No decimos de trabajar menos, hacemos más de lo que nos toca por nuestra categoría, pero porque nos gusta nuestro trabajo, nos implicamos con el paciente.

—¿La situación de los celadores en Pitiusas es igual que la del resto de España?
—Diría que no. No. Aquí, dentro de lo malo, por el tema de los EPIs no hemos tenido tantos problemas. Cuando ha habido mascarillas FFP2 se le ha dado a todo el mundo. En la Península sí que hubo una situación más precaria. Es verdad que son hospitales más grandes y es más complicado todo. Aquí tenemos un hospital muy familiar en el que nos conocemos todos. De hecho, el otro día salieron compañeros de otras categorías a protestar con nosotros porque consideran que somos parte del engranaje.

—¿Entonces sí se han sentido respaldados por el Área de Salud?
—Sí. Es verdad que nos quedamos un poco solos por el tema de ser de bajo riesgo, pero no era algo que dependiese de ellos sino del Ministerio de Sanidad.