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La poeta y traductora catalana afincada desde hace décadas en Ibiza Nora Albert acaba de publicar con Edicions Aïllades una nueva traducción de un poemario de una poeta italiana. Se trata de Massa vida a la sang de Antonia Pozzi, una mujer que en vida no fue todo lo reconocida que merecía pero a la que ahora poco a poco se la va poniendo en valor. Este nuevo libro se presenta el lunes 9 de mayo a las 19.15 horas en la Llibreria Mediterrània de Vila junto a Bernat Joan, Fanny Tur y Ángels Escandell, quien leerá poemas.

— ¿Qué hay en Massa vida a la sang?
—Una poesía insólita, inclasificable, del Novecento italiano.

—¿Quién fue Antonia Pozzi?
—Una mujer de familia aristocrática y culta que disfrutó de vida social y una óptima formación académica. Su obra, publicada póstumamente, es una de las más reconocidas de su época a pesar de que solo se prolongó de los 17 a los 26 años, año de su muerte voluntaria.

—¿Cómo salió a la luz su obra?
—En 1939 su padre reunió poemas en Parole. Sin embargo fue una edición mutilada porque excluyó poemas y cortó y cambió otros por cuestiones morales y de clase. También para no mostrar los altibajos psicológicos, por su cariz sensual, por expresar una maternidad frustrada o por pasajes sobre su primer y gran amor a los 17 años con su profesor a quien dedicó poemas dispersos y una recopilación llamada La vita sognata. Fue un amor intenso y trágico al que abandonó por su padre en 1933, lo que le afectó en su breve y frágil existencia.

—¿Se la dio el valor que merecía en la poesía?
—Su ascensión y valoración no se dio hasta que Eugenio Montale consideró su poesía como una de las más importantes de su época gracias a un estilo y un rigor encomiables, empapados por la pureza del sonido y la imagen. Se puede leer como un diario del alma y aunque roza la autobiografía, se desenmarca con una loable distancia poética.

—¿Y a partir de los sesenta?
—Se amplían sus traducciones, salen estudios y antologías, pero desde los ochenta y hasta nuestros días hay un redescubrimiento generándose el «fenómeno Pozzi». Algo que culmina con un par de películas y con la publicación de su obra con cerca de 300 poemas recogidos en manuscritos o de sus amigos. Además, ha sido traducida al rumano, alemán, castellano, inglés, francés, portugués, ruso, polaco y ahora al catalán.

—¿Es cierto que no publicó ningún poema en vida?
—Sí. Massa vida a la sang ofrece 65 poesías, lo que supone un amplio recorrido para profundizar en su breve pero intensa peripecia existencial y poética.

—¿Qué temática incluyen?
—Podemos encontrar una simbiosis de contrarios entre vida y muerte (eros i thanatos) o felicidad y dolor, con clara proyección hacia la pulsión de muerte o la luz eterna. Además, como alpinista y amante de la naturaleza sus poemas están inmersos en una atmósfera alpina con detalles que capta con una naturalidad y belleza extraordinarias. Incluso, al final de sus días trata temas más sociales y comprometidos.

— ¿Qué puede aportar Antonia Pozzi a nuestros días?
—El conocimiento de una clásica de la literatura italiana. Su poesía, de una exquisita rareza y una refinada sensibilidad, tiene gran densidad lírica y es madura y profunda. Desde los límites personales y sociales da voz a un doloroso deseo de autenticidad en un viaje en el que la zona de la vida y la muerte no son intensamente opuestos sino parte de la misma esencia existencial.

—¿Su obra tiene actualidad?
—Puede releerse a lo largo de la vida sin perder su fragancia y de su misteriosa fascinación. Sus versos nos emocionan y nos golpean, son fronterizos y terriblemente humanos y desafían el paso del tiempo ya que a pesar de la fragilidad de su alma herida nos llegan, paradójicamente, por su «demasiada vida en la sangre». Su poesía es un gran legado para la humanidad.

—¿Su compromiso político también fue un referente?
—Por supuesto. Más allá del drama personal, está la herida del impacto social con la cotidianidad trágicamente «banal» del totalitarismo. Fruto de ello son poemas como Les dones, Perifèria o Via dei Cinquecento, o el giro de muchas fotografías donde se acerca a los problemas sociales. En la Italia de Mussolini, Pozzi frecuenta círculos de izquierdas y obreros como salida a su jaula dorada y a la confrontación con su padre, afín a las ideas fascistas y que, tal vez, la precipitó aún más a la desesperación mortal.

—¿Cómo se introdujo en la traducción de poemas italianos al catalán?
—En la vida, al menos es mi caso, pasamos por etapas y geografías. Educada en francés, tuve mi etapa en la que me lancé a leer literatura francesa siendo profesora. Luego estuve de lectora en la Universidad de Sheffield en mi etapa anglosajona con Virginia Woolf y demás y ahora estoy en la italiana. Tengo ascendentes italianos por parte de mi abuela y he leído siempre en italiano aunque todo comenzó con el conocimiento y pasión por Alda Merini, siendo la primera en traducirla al catalán con la editorial Arrela de Menorca y su La Terra Santa. Luego llegaron Balades no pagades de Adia Edicions y Buidor d´amor con Edicions Aïllades y que ha ganado el premio Cavall Verd a la mejor traducción del 2021.

—¿Cuantas poetas le deben tanto a usted?
—(Risas). Bueno también he traducido a Maria Grazia Calandrone y Antonella Anedda, muy premiadas y reconocidas pero desconocidas por aquí y con las que he querido establecer puentes entre culturas y ser pionera. Y hay muchos proyectos en lista de espera. La traducción se ha convertido en una pasión aunque requiere fuego lento, mucha dedicación y mucho respeto.

—Usted dirige en Edicions AÏllades la colección Accent Obert. ¿Tiene mercado la poesía?
—La poesía siempre ha sido y es minoritaria pero tiene su público porque normalmente somos los poetas los que nos leemos. Pero también es un género muy «portátil» e ideal para recitales. En catalán hay muchas editoriales que publican poesía y concursos. Quizás no se vende mucho y casi nunca ganas nada pero a los poetas la cuestión crematística parece que está lejos de nuestros objetivos. Más allá de los límites convencionales, la poesía tiene el don de la atemporalidad y siempre es un bálsamo para el alma.

—¿Y la escrita por mujeres?
—Yo siempre he sido feminista y me ha interesado la recuperación genealógica de las escritoras. En este momento, por suerte, y a pesar que parece que no se avanza en cuanto a la violencia de género hay cierta sensibilidad hacia la cultura y un esfuerzo para dar visibilidad a la aportación de las mujeres en el arte y de la literatura. Y que continue.