Alejandra Gámez de la Asociación de Empresarios y Emprendedores Extranjeros. | Marcelo Sastre

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Alejandra Gámez (Colombia, 1978) tiene claro que su «sentido de vida» es ejercer la mediación para ayudar a los demás. Según explica esta administradora de empresas, residente en Ibiza desde 2004, ello le impulsa a hacer cosas y a crear proyectos como la nueva Asociación de Empresarios Extranjeros.

— Ha creado este nuevo colectivo, ¿con qué objetivo?
— Tiene varios y uno de ellos es poder organizar jornadas sobre extranjería para que aquellos que están en situación irregular, sepan cómo regularizarse. También que aquellos ciudadanos en situación regular sepan cómo homologar estudios universitarios o de cualquier tipo y homologar también el carnet de conducir y puedan así desempeñar su labor o profesión.

— Inicialmente, la asociación está compuesta por nueve empresarios. ¿Quién más se podrá unir?
— Hay gente de todos los colectivos, como un entrenador de Crossfit que ha sido también campeón de judo o la responsable de una gestoría y una joven que posee una empresa de energías renovables y placas solares. Somos de diferentes sectores y nacionalidades y el objetivo es dar a conocer que la gente extranjera viene a aportar, a trabajar, y explicar que, si nos unimos quienes ya hemos abierto un camino, podemos mostrar una luz y enseñar que las cosas se pueden lograr mediante el trabajo y la formación constante.

— Exactamente, ¿de dónde ha surgido la idea de impulsar la asociación?
— Todo este proyecto surge porque se cruzaron varios factores. Hace un tiempo, junto a dos amigas, organicé Colombianos por la Paz en el paseo Vara de Rey ante lo que estaba sucediendo en nuestro país, pero no éramos una asociación ni nada. Después, vimos también que había muchas dudas sobre la regularización de papeles y leyes porque en Delegación del Gobierno hay un atasco importante en la gestión de residencias y así, organizamos junto al Consell una jornada de extranjería.

Tras ello, me comenzaron a llamar muchas personas preguntando cómo regularizarse o cómo podían invertir capital aquí. Pensé entonces que habría que crear una asociación de empresarios y emprendedores y visité la Pequeña y Mediana Empresa de Ibiza y Formentera (PIMEEF) para preguntar por la existencia de alguna entidad similar, logrando el apoyo de la patronal que me animó a impulsar la asociación. Viajé también a Mallorca, a la Pequeña y Mediana Empresa de allí, y les encantó la idea.

Fui a Menorca y lo mismo. Vi entonces que en las islas tenemos problemas muy parecidos relacionados con la extranjería o la mediación y vi que podíamos crear un colectivo mezclando estos temas con otros como la cultura o el deporte. Empecé a dar forma a la creación de una asociación en Ibiza para después trasladarla a Mallorca y Menorca e impulsar una federación balear.

— Presentaron la asociación en la Comisaría de Policía Nacional.
— A raíz de la jornada de extranjería conocí al comisario y comprobé que, en términos legales y de necesidades, era necesario crear esta entidad. Celebré muchas reuniones con empresarios conocidos -también en las otras islas- y arrancamos, siendo importante comenzar en Ibiza porque la idea surgió aquí. Curiosamente, estaba acabando el Máster en mediación y mi tutora, a quien le expuse la idea, me animó a presentarla como proyecto final, así que tendrá el sello de la Universidad. Si esto surge en Baleares, probablemente sea aplicable también en otras comunidades.

— ¿Se ha fijado plazos para impulsar la federación balear?
— Sí, porque es una necesidad evidente. Además, desde hace una década la Delegación del Gobierno tiene desatendida la Casa del Mar en Ibiza, que se ha convertido en una oficina de registro. Ello perjudica incluso a la economía balear porque no permite al empresario poder contratar en condiciones y de manera legal. Estoy cerrando los detalles de la asociación en Ibiza y, después, probablemente una primera jornada de extranjería la organicemos en Menorca a comienzos de octubre, dando solidez a la entidad allí. Un poco antes, en septiembre, me reuniré con empresarios de Mallorca para exponerles los detalles del proyecto. Estaría muy contenta si en el primer trimestre de 2023 la federación balear existe como tal.

— ¿Qué es lo que sucede en la sede ibicenca de la Delegación del Gobierno?
— Pasa desde hace una década, más o menos. Faltan funcionarios y se han producido oleadas de llegadas de extranjeros, y no solo de África, también de América o Asia. En este contexto se han registrado muchos expedientes por tramitar y no hay personal. La solución ha sido crear una oficina de registro, pero ello no soluciona el problema. Como hay tanta demanda de trámites, todo se atasca. Precisamente, en la jornada del Consell pedimos más funcionarios. Lastimosamente el Gobierno actual no contempla ninguna solución, aunque el problema viene de una década atrás.

— En esa jornada del Consell se escucharon historias muy duras.
— Por ello es muy importante esta asociación porque hemos encontrado un respaldo total y absoluto de la Policía Nacional, de la Brigada de Extranjería, Participación Ciudadana o la Pimeef, sectores que normalmente no se unen. Poder juntarlos y contar con este apoyo es lo que también me ha dado fuerzas para crear la asociación. También a los socios fundadores porque les parece formidable poder emprender, contar con información y formación, que en muchas ocasiones pasamos por alto por desconocimiento. Creo que la asociación es necesaria en clave social como islas que somos.

— ¿Qué consejos daría a una persona extranjera que quiera residir en las islas?
— Lo primero es integrarse porque debemos llegar con la mentalidad de que vamos a ser parte de la sociedad ibicenca para todo, para lo bueno y para lo malo; tener deberes y derechos y saber hacer las cosas bien. Precisamente, la asociación se ha creado para orientar y apoyar a las personas que quieran hacer las cosas bien.

— ¿Todavía deben escuchar frases como que el extranjero viene a quitar el trabajo o a aprovecharse de las ayudas?
— Yo pienso que los hechos nos definen. La gente puede tener su opinión personal, pero solo es eso, una opinión. Si uno cuenta con hechos y demuestra que viene a integrarse y a aportar conocimientos o su ser, no hay nada más que decir. La realidad irá cambiando, pero eso hay que demostrarlo porque las palabras se las lleva el viento. Los hechos, las empresas, la historia, siempre van a quedar y hablarán por nosotros.

— ¿Después de la pandemia, se han marchado o han llegado más extranjeros a las Pitiusas?
— Ibiza es una isla de oportunidades y acoge bien a quien llega. Aquí he encontrado todo lo que no hallé en otros países, gente muy afable. Siempre he trabajado con ibicencos y me he integrado. Cuando uno decide quedarse en una tierra, debe adaptarse. Tanto si somos muchos como pocos los extranjeros, debemos integrarnos, sentirnos ibicencos y que Ibiza nos duela. Da igual si hay muchos o pocos extranjeros, lo importante es que cada uno haga bien su trabajo y nos muestre como una comunidad trabajadora.

— Usted ha tenido relación con el mundo de la política, ¿qué pediría a quienes gobiernan ahora?
— Como ciudadana ibicenca, según me siento yo, a Ibiza hay que fortalecerla más, darle mayor importancia. Por ejemplo, llevamos casi 20 años esperando soluciones al problema del agua y hemos pasado por varias legislaturas, por lo que es hora de que se pongan las pilas y den soluciones. Un sentir que tengo es que todos se acusan mutuamente de la falta de acciones. Es hora de dejar el pasado atrás y empezar a hacer cosas reales.

El agua es un tema importante, no solo para quienes vivimos aquí, sino por la imagen que reciben aquellos que nos visitan. También, la gestión de los residuos, con una Ibiza que aún se ve sucia. Hay que planificar más, mediar, y que los partidos dejen de tirarse la pelota porque es algo repetitivo que se ve cada legislatura. Es importante que los ciudadanos sepan a quiénes van a votar, no solo conocer sus colores, sino también sus historias, currículums y qué han podido hacer.

— Habrá descubierto inquietudes comunes con otros compañeros de asociación.
— Sí, sobre todo cuando en las patronales escuché a los comerciantes de las diferentes islas porque vi que existían los mismos problemas, aunque no estamos unidos como ciudadanos de Baleares. El mallorquín es mallorquín y el ibicenco, ibicenco. No nos sentimos baleares y es algo que me llamó mucho la atención. Es importante mantener esa conexión para solucionar problemas comunes.