Vicent Marí: «A la política le hace falta más sentido del humor y menos consignas desde los partidos»

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Jugando como un niño: Vicent Marí jugó al frontón durante su infancia en la pared del Teatro España. Para la entrevista, no tuvo ningún problema en repetir la experiencia. Foto: TONI ESCOBAR

Jugando como un niño: Vicent Marí jugó al frontón durante su infancia en la pared del Teatro España. Para la entrevista, no tuvo ningún problema en repetir la experiencia. Foto: TONI ESCOBAR

Los que conocen a Vicente Alejandro Marí Torres, más conocido como Vicent Marí, dicen de él que es uno de esos políticos que no parecen políticos. Algo que uno nunca sabe si es bueno o malo. Sin embargo, hay una cosa clara. El alcalde de Santa Eulària desde el año 2007 es una persona cercana, sencilla, que aborda todo tipo de temas sin pudor y que se gana el ser Sardina Negra de Periódico de Ibiza y Formentera desde el primer momento de esta peculiar entrevista.

El primer edil de la Villa del Río llega a su cita puntual, caminando por la calle como un ciudadano más. Sin corbata, con camisa azul clara, chaqueta gris y pantalón vaquero, pasea animadamente por el carrer de Sant Vicent mientras comenta algún tema con su jefa de Gabinete, Marga Marí. Incluso, tiene tiempo para saludar y escuchar a algún vecino que le comenta sus problemas. Enseguida llega al lugar que ha escogido para la entrevista, el Teatro España por el lado de la calle Sant Vicent, justo en la pared donde está el cartel de Cinematógrafo, nos estrecha la mano cordialmente, nos saluda, coge aire y nos cuenta con una gran sonrisa que él nació y se crió justo a unos metros escasos, en el número 65 que ahora «por cuestiones de la modernidad» es el 59. Incluso, se muestra dispuesto a sacar una raqueta y una pelota de frontón de su antigua casa para hacerse la foto. Lo dicho, un político que no parece político.

Nacido en el seno de una familia humilde que regentó durante muchos años un pequeño hostal familiar, el Hostal Sa Rota, Vicent Marí desde muy pequeño aprendió la importancia de tratar bien a los turistas que venían a su ciudad y a la isla. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universitat de València, toda su vida ha estado dedicada al mundo de la economía y la empresa hasta que en el año 2007 fue elegido alcalde de Santa Eulària. Un cargo que compagina con el de presidente de la Comisión de Educación de la Federación de Municipios y Provincias (FEMP) de España desde 2007 y del Consejo Escolar del Estado. Además y si fuera poco, este hombre que odia quedarse en casa parado sin hacer nada y que ha hecho en nueve ocasiones distintos trazados del Camino de Santiago, asumió el año la presidencia de la Federación de Entidades Locales de las Islas Baleares (FELIB). Y todo, mientras ha conseguido que el municipio que el dirige se haya convertido en la envidia sana de muchos habitantes que residen en otros lugares de Eivissa.

—Viéndole llegar hasta aquí, rápidamente me ha quedado claro lo que me ha dicho un compañero mio, que usted no parece un político. ¿Eso es bueno o malo?

—(risas). Realmente no lo sé. Eso lo tendrían que decir los ciudadanos o las personas como usted. Lo que está claro es que yo soy una persona como cualquier otra con la única diferencia que soy alcalde de Santa Eulària.

—Pero usted no tiene problemas en compartir ball pagès con el president del Consell, Vicent Torres, aunque sea de un partido completamente opuesto al suyo. ¿A eso se le llama normalizar la política?

—O simplemente normalizar las cosas. Tener sentido común y no ver al contrario político siempre como un enemigo. Aunque uno creamos en las ideas del PP y otro en las del PSOE y no estemos de acuerdo en muchos asuntos no quiere decir que no nos hablemos. Volvemos a lo mismo, somos personas.

—¿Un ball pagès arregla lo que no pueden muchas reuniones?

—(risas). Puede ser, aunque he de decir que yo no soy un gran ballador, sólo alguien que sabe como moverse dignamente después de tanto verlo. Pero sí, por qué no. Soy de los que creo que a la política le hace falta más sentido del humor y que los políticos tendrían que ser más cercanos a la población sin tener sus gestos tan medidos.

—Eso parece complicado en nuestros tiempos donde, por ejemplo, se estudia el color de la corbata que lleva cada candidato...

—Es una pena. Si en ocasiones dejáramos de lado las consignas e intereses de los partidos y nos centráramos en los intereses de los ciudadanos seguro que nos iría mucho mejor. La clave está en saber escuchar a los ciudadanos y después, ser prácticos e intentar, en la medida de lo posible, solucionar sus problemas. Para eso estamos los alcaldes.

—Usted es alcalde desde 2007. ¿Como acabó en el cargo?

—Eso mismo me pregunto yo y en ocasiones también mi familia (risas). Bueno, en ocasiones se presentan oportunidades que es mejor no dejar escapar, y más si lo que te proponen es trabajar para que el pueblo donde has nacido y donde te has criado siga funcionando bien o, incluso, mejor.

—Sí, porque usted es santaeulariense de pura cepa...

—La verdad que sí. Yo nací en la calle Sant Vicent, en lo que antes era el número 65 y ahora es el número 59. Además, mi familia regentó durante muchos años el Hostal Sa Rota, muy cerca de aquí. Así que sí, llevo a esta localidad en los genes.

—Menudo lugar, más céntrico imposible. Y muy cerca del Teatro España...

—Sí, nuestra casa daba a la fachada de atrás del Teatro España e, incluso, cuando la calle aún no estaba asfaltada usábamos la pared como frontón para jugar horas y horas. Y no se crea, aún conservo mi buena mano con la raqueta gracias al tiempo que pasé en esta calle.

—¿Y cómo era Vicent Marí de pequeño? O eso es secreto de sumario...

—(risa) No, qué va. Era un niño normal que hacía gamberradas cuando tocaban y un estudiante que pasó por etapas mejores y peores. Eso sí, no era de los que me esforzaba demasiado y eso, con el tiempo, me di cuenta que fue un error.

—Y tener tan cerca el Teatro España, ¿le marcó? Ojalá yo hubiera tenido la suerte de criarme con un centro cultural tan cerca...

—(risa) La verdad que un poco sí. Por eso también les he citado aquí para la entrevista. Este cine me trae muy buenos recuerdos y de hecho creo que aquí me he visto todas las películas de John Wayne y del Spaghetti Wéstern. E, incluso, desde una ventana de la parte superior que sólo conocíamos los chicos que vivíamos en la zona, pudimos ver a escondidas algunas películas eróticas como las de la serie Emmanuelle.

—Incluso, tengo entendido que son muchos los que han compartido butaca recientemente con usted...

—Puede ser. La última película que ví en el Teatro España fue la última de la saga Star Wars. Estuvo fenómenal y aún huelo las palomitas.

—También son muchos los vecinos, sobre todos los mayores, los que recuerdan viéndole trabajar en su hostal familiar...

—También puede ser. Tenga en cuenta que yo, desde bien joven, trabajé en el hostal de mi familia. Y allí hice de todo, desde botones a recepcionista, maletero, aparcacoches y si era necesario... incluso de manitas. Era un hostal familiar y todos teníamos que echar una mano en cualquier cosa. Además, abría los 365 días del año y eso, quieras que no, te marca.

—¿De ahí aprendió que el turista para Eivissa es lo primero?

—En cierta manera sí. Mis padres eran muy trabajadores y por eso los admiro muchísimo. También aprendí a ser tolerante y comprensivo, pero también que no vale cualquier tipo de turista y que no tenemos que aguantarles cualquier cosa.

—¿Y eso lo han aplicado a Santa Eulària? A su modelo turístico...

—No lo he aplicado yo. Eso que quede claro. Lo han aplicado todos los vecinos de Santa Eulària. Es una decisión que se tomó hace tiempo tras escuchar a todos los sectores implicados, ciudadanos, empresarios, políticos...

 —¿Han demostrado que hay vida más allá de las discotecas?

—Hemos demostrado que otro  tipo de turismo es posible. Las discotecas son necesarias para el día a día de la isla y también para la economía de mucha gente de la isla.

—Pero en Santa Eulària no hay ninguna...

—No. Aquí no caben.

—Me imagino que cuando se apostó por ello, hace ya muchos años, no fue una decisión fácil. ¿Fueron unos valientes o unos insensatos?

—Tal vez valientes. Insensatos no porque cuando haces las cosas con sentimiento, pasión, ilusión, y convencido de lo que estás llevando a cabo, lo normal es que salgan las cosas bien. Y además, creo que el resultado ha merecido la pena.

—Muchos vecinos alaban de usted que siempre tiene tiempo para escucharles. ¿De dónde saca el tiempo?

—(risas). De donde puedo. Me levanto pronto, desayuno y acudo al Ayuntamiento donde siempre me esperan muchísimos proyectos y trabajos sobre el municipio. Algunos hay que ponerlos en marcha, otros hay que darles seguimiento y otros negociarlos con las distintas autoridades competentes. Afortunadamente tengo un equipo que me ayuda muchísimo y que siempre está ahí cuando los necesito.

—Vamos que no se aburre...

—La verdad que no. Soy de esos que intenta aprovechar al máximo al día. Incluso, estoy seguro que si el día tuviera más horas las aprovecharía...

—Pero me imagino que no todo será política en su vida. ¿Qué hace para descontectar?

—(risas) No soy de los de estar parado así que siempre ando haciendo cosas, y cuando, por ejemplo, estoy en casa siempre encuentro algo para hacer. Que le voy a hacer, soy muy inquieto.

—Me han dicho que le encanta el Camino de Santiago. ¿Está tan enganchado como mi mujer?

—(risas) Hombre no se como estará de enganchada su mujer, pero la verdad es que me encanta andar para despejarme. Tambien me gusta irme lejos para coger perspectiva y el Camino de Santiago viene muy bien porque estás entre amigos y te ayuda a pensar durante el trayecto. Ya llevo diez o doce años haciendo distintos tramos y cada día me gusta más.

 

EL TEST

Un libro

‘Dias oscuros’ de Lluis Ferrer

Una película

La última de la saga Star Wars

Una serie

Mis hijos me recomendaron ‘House of Cards’ y me enganchó

Un cantante o un grupo

David Bowie

Alguien a quien admire

A mis padres y mis abuelos porque soy lo que soy gracias a ellos

Un color

Azul

Un plato de cocina

Cualquiera con pescado

Un deporte

Andar, correr o pescar

Un lugar de la isla donde perderse

Al lado del mar o en las montañas de Morna

Un viaje que nunca olvidará

París

Un objeto fetiche

No soy fetichista

Una manía

Aunque no se lo crea, no soy muy maniático

Un defecto

Soy a veces demasiado exigente conmigo mismo y eso, sin quererlo, en muchas ocasiones, lo traslado a los demás

Una virtud

Saber escuchar y ser tolerante

Un sueño por cumplir

Poder ver la tierra desde el Espacio porque estoy seguro que desde allí los problemas serán muy pequeños

LA PREGUNTA

—¿Qué opina de los políticos que prometen mucho y luego solo venden humo?

—No me gustan. La política no se hace antes de las elecciones sino durante los cuatro años que dura una legislatura. No me gustan aquellos que prometen cosas que saben que no podrán cumplir sólo para ganar votos porque después el balance de su legislatura será nefasto y los que acabarán perjudicados serán los propios ciudadanos. A esos políticos habría que eliminarlos de la carrera política. Lo importante es trabajar día a día, como una hormiguita, aunque muchas veces no se vea el trabajo que se hace.

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