Más de cincuenta años de ‘ball pagès’ merecen un premio

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Nació en 1965, fue a la vuelta de uno de los viajes del conocido ballador y sonador de Sant Miquel Toni d’en Planes, concretamente a la vuelta de su viaje de 3 meses a la Feria Mundial de Nueva York. Ya había recorrido mucho mundo como para tener claro que el ball pagès gustaba y mucho fuera de la isla. Con lo que decidió hablar con el párroco de la iglesia de Sant Miquel, con Toni Torres y en esa charla acordaron comenzar. Lo harían allí mismo, en la plaza de la iglesia, un día a la semana. Empezaron a bailar para los turistas. El día elegido, los jueves, desde junio a septiembre, y el precio de la entrada, en torno a las 25 pesetas de la época. Esos fueron los inicios de una colla, la de Balansat, que durante más de 50 años no ha dejado de actuar los jueves en la plaza de la iglesia para los vecinos y visitantes, pasando, como es lógico, por distintas etapas.

«Toni d’en Planes fue uno de los pioneros en hacer sonar las dos flautas a la vez, aunque ahora ya son muchos los que lo hacen. Entonces le dieron un premio en Polonia», recuerda hoy el actual presidente de la colla Pere Planells, quien añade que en aquella época a nivel internacional tuvieron muchísimo éxito, recibieron muchos premios y visitaron muchos países. Fueron los años del gran apogeo.

«La de Sant Miquel fue una de las pocas collas que viajó tanto, quizás porque no había tantas collas en aquella época, sólo la de Sant Josep que se creó un año después. Ahora son muchas, pero antes era más fácil hacer cosas y destacar», reconoce Planells. Además de eso, «Toni era una persona que conocía los organismos nacionales e internacionales y estaba en contacto con ellos», asegura.

El arranque de esta colla gozó del mayor de los auges. Desde 1965 y hasta cerca de 1980 fueron muchísimos los turistas que llegaron hasta la plaza de la iglesia de Sant Miquel para ver bailar y sonar a la colla de Sant Miquel. «Había días que subían hasta diez autobuses de turistas», ha asegurado en alguna ocasión Toni d’en Planes. Pero no sólo era el jueves el día que bailaba la colla, además, muchos hoteles y restaurantes comenzaron a requerir sus servicios. Con lo que habilitaron una furgoneta de la época para la tarea, que bajo la conducción de Vicente Planells y Pere Planells, padre y tío del actual presidente de la colla, Pere Planells, se dirigía hacia los distintos lugares de la isla donde debía actuar la colla de Balansat. «Fue algo nuevo para los hoteles, que se animaron a pedir estos servicios. Yo he oído hablar de cómo la colla iba en esta furgoneta antigua, recorriendo la isla de un hotel a otro, sobre todo porque mi padre era el chófer y mi tío le acompañaba. Decían que iban todos como sardinas, dando tumbos detrás de la furgoneta. Y por todo ello cobraban y ganaron dinero en aquella época», recuerda hoy Pere Planells, quien analiza que tantos años después, «tan sólo mantiene este tipo de espectáculos como tal el restaurante Gala Night».

Quizás, echando la vista atrás, Planells considera que uno de los fallos que se cometieron en aquella época, fue que «solo se dedicaron a bailar, pero no impartían clases, con lo que conforme se iban retirando los más veteranos, iba desapareciendo la colla». Ya fue en los años 90, cuando la Apima de la escuela de Sant Miquel creó la Asociación Cultural de Sant Miquel y comenzaron a impartirse estos cursos de baile. Y aquí llega una de las curiosidades, que «la colla de Sant Miquel no existe como tal, si no que está incluida dentro de la Asociación cultural», asegura Pere.

Actualmente, la asociación realiza una labor divulgativa y de mantenimiento de la cultura. Por ello se centra en clases de flauta y tambor y de baile y también en los talleres artesanos para la vestimenta típica. «Es importante que se recuperen esas costumbres, que se enseñen porque son labores muy artesanas, antiguas, que las pocas personas que las hacen van desapareciendo y se podrían perder y sería una lástima».

La colla de Balansat goza en la actualidad de un inmejorable estado de salud, ya que hoy en día la componen unos 40 balladors, todos ellos muy jóvenes, ya que muchos tienen en torno a los 6 años con lo que los de 24 ya son veteranos, pues ya llevan mucho tiempo bailando. 

Pere Planells asegura que el premio ha sido «una gran sorpresa. Modestamente no sabemos si somos merecedores de semejante reconocimiento, si bien es cierto que al echar la vista atrás, vemos la trayectoria de más de 50 años de una colla. Muchos años y mucha gente a la que tanto se le debe, sobre todo que en ningún momento haya decaído la actividad, entonces sí que entendemos el reconocimiento».

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