Opinión | Jesús García Marín

El Valle de los Caídos

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He sido el único periodista de un medio independiente que ha visto todo el circo de la exhumación de Franco desde dentro, en la hospedería del Valle de los Caídos (donde, por cierto, se come y se duerme muy bien). Es decir, dejando a un lado RTVE, en manos de los podemitas, y la agencia Efe, en manos de la ministra Calvo Poyato, un servidor de ustedes ha visto in situ los aconteceres de unos de los episodios más siniestros de la Historia de España. Había 500 periodistas de todo el mundo, pero en la entrada de Cuelgamuros. El despliegue de la Guardia Civil fue realmente impresionante tanto en la puerta de la abadía como en la de la explanada de La Piedad. Se vigilaba incluso el bosque y el día de la exhumación había hasta francotiradores apostados y no te dejaban salir a cincuenta metros de la hospedería, y eso que no había nada que vigilar, salvo jabalíes y zorros. La Benemérita entró con armas en la abadía y en lo que es un espacio sagrado y, si me apuran, perteneciente al Vaticano. Monseñor Osoro y la Conferencia Episcopal dejaron solo al prior de la basílica, padre Santiago Cantera, y a los benedictinos, excelentes personas que rezan y llevan un colegio del que salen unos niños nada adoctrinados y con una excelente educación. Incluso la Guardia Civil llegó a pedir una lista con el DNI de los que iban a comulgar. Alojados fijos que habían salido del recinto no pudieron volver a entrar hasta el pasado sábado. Franco ya no está en la basílica pero sí prevalece el NODO que hizo RTVE, con muy mala fotografía por cierto. Ayer abrieron la basílica, a ver si la ministra Delgado deja en paz a los benedictinos y nos aclara los pormenores de la grabación del cloaquero Villarejo. Sánchez quiere ganar las elecciones a cualquier precio y con la máquina de crear parados ya en marcha.

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