"En este sentido la idea de Ibiza también emerge de la tierra; y en este caso es fácil adivinarlo". | Foto de Kevin Kobal en Pexels

0

Según el filósofo Gustavo Bueno las ideas ni vienen de, ni están en un mundo trascendente, en el cielo, o en la conciencia pura, ni nos llegan no se sabe cómo, por intuición, participación o recuerdo. Al contrario, según su materialismo filosófico las ideas surgen de la tierra, esto es, de experiencias prácticas, corrientes, mundanas. Por ejemplo, la idea de dios vendría del trato de los antepasados con los animales del pleistoceno, la de mundo a partir de la experiencia con cofres o arcas, la de persona de las máscaras utilizadas en el teatro para representar personajes, las ideas aristotélicas de materia y forma serían consecuencia del trato con el barro, los metales y la transformación de materiales, la de progreso se habría gestado de las escaleras o las gradas, la de evolución por el desenvolvimiento de un libro en formato de rollo de papiro, etcétera. Es a partir de experiencias de este tipo como el ser humano realiza sus abstracciones en forma de ideas, las cuales, al desbordar el ámbito en el que se han desarrollado devienen filosóficas.

En este sentido la idea de Ibiza también emerge de la tierra; y en este caso es fácil adivinarlo. Los humanos en un momento dado acotaron un territorio y le dieron el nombre de Ibiza. Sobre este nombre, a lo largo del tiempo, se han ido aportando sentidos, significados, denotaciones, connotaciones y otras realidades, hasta el punto que la idea de Ibiza desborda su significado de origen y adquiere significados que también desbordan las disciplinas de la geografía, la demografía, la política, la economía, el marketing, etcétera.

La idea de Ibiza se ha convertido hoy, no solo en una marca, una idea global o interdisciplinar, sino que se ha convertido en una idea filosófica desde el momento en que podemos realizar con ella reflexiones que trascienden el ámbito de las disciplinas o técnicas concretas.

Llegados a este punto, ¿qué es Ibiza en sentido filosófico? Según el materialismo filosófico de Bueno Ibiza es una idea en el cuerpo biológico humano, que existe en nuestra conciencia como una representación cargada de imágenes, conceptos, deseos, emociones, pensamientos, etcétera. Ibiza es una idea en nuestra conciencia que representa la isla y, como diría Ortega, sus circunstancias. En sentido filosófico la idea de Ibiza nos representa, nos imagina la isla en su (a)parecer en las conciencias. La idea de Ibiza tendrá que ver entonces con los juicios de valor, con las opiniones, esto es, las representaciones que otorguemos a ese referente, a ese ‘ser ahí afuera’, a ese ‘su estar en el mundo’. De ello deducimos fácilmente que hay tantas ideas de Ibiza como personas las anidan. Cada persona o grupo de personas atribuirá una representación a la isla: un político tendrá una representación de Ibiza, un turista, un ciudadano, un niño, un empresario tendrán otras, generándose una matriz de significados extensa que carga de complejidad la reflexión. Las ideas en nuestras conciencias pueden anidar de forma permanente, pasajera, latente, inactiva u operar como ideas fuerza. Cuando esto último ocurre decimos que la idea está en la filosofía operativa de quien la anida condicionando la manera de entender, interpretar, valorar, sentir, percibir, relacionarse y actuar en el mundo.

Pongamos un ejemplo concreto de la idea de Ibiza funcionando como idea fuerza: Ibiza es un destino turístico que debemos conservar. Esta es la representación más operativa que las conciencias afincadas en Ibiza disponen sobre Ibiza y que condiciona su realidad (su contrapartida dialéctica es: El valor de Ibiza está en sus activos tradicionales y naturales).

Es sobre este juicio de valor, con su contraprestación dialéctica, sobre el que hacemos girar mayormente toda nuestra realidad como territorio y como pueblo. Este juicio, salvo un extremismo minoritario, no se pone en cuestión. Otra cosa es cómo se balancee con su dialéctica, cuánto debe abarcar y cómo se interpreta destino, turístico, deber y conservar, ideas, además de otras adyacentes, que dispondrán otros juicios operativos que también preconfigurarán nuestras acciones.

Siguiendo con el ejemplo, la opinión operativa principal está acompañada por otros juicios de valor que la sostienen como, ‘si dejamos de ser un destino turístico competitivo nos convertiremos en una sociedad pobre’ o ‘tenemos que satisfacer a nuestros clientes adaptándonos a sus necesidades para sobrevivir’, ‘tenemos que convertir Ibiza en un sitio que atraiga muchos turistas para preservar nuestro modelo económico y social’, ‘el turista es soberano’, etcétera. La matriz de pensamientos operativos afines puede ser extensa y diversa.

Volviendo a la opinión principal, la dialéctica histórica subyacente que opera es la siguiente: si hasta antes del boom turístico la atracción original de los viajeros (ahora turistas) por Ibiza era su representación de genuinidad, originalidad, autenticidad, el carácter y la forma de ser de sus habitantes y de su territorio, ahora el turista (ya no el viajero) está decidiendo qué es y qué será Ibiza en base a sus gustos de demanda, demanda que, en esta inversión dialéctica (del encuentro con la Ibiza genuina a la construcción de la Ibiza a demanda), hace que la idea de Ibiza devenga una representación gobernada por un afuera que conforma la Ibiza que se ofrece y por derivada conforma el estilo de vida de sus ciudadanos. En este momento dialéctico operativo de las ideas fuerza, destino turístico artificial, disneylandización, frente a destino del viajero espontáneo, Ibiza, los ciudadanos de Ibiza, conscientes o no conscientemente están decidiendo lo que quieren ser y en qué se quieren convertir en base a esa representación principal. La idea de ciudadano de Ibiza (tiene tipologías) es una idea fundamental porque hasta el momento (cada vez menos) representa un elemento constituyente tanto de la realidad Ibiza como de su representación, siendo uno de los seres humanos (hay otros) que incuba y da más valor a la idea Ibiza. Este es, digamos, un high light del momento presente del pensamiento Ibiza en nuestras conciencias. Los resultados ya los conocemos: dependencia del turismo, presión demográfica, contaminación, estrés, exceso de administración, etcétera.

Según el filósofo Michel Foucault, el pensamiento, y por lo tanto las ideas que este alberga, tiene una característica fundamental: su actividad crítica sobre sí mismo, su capacidad de poder replegarse y pensar sobre sí, lo cual le da una potencia transformadora, la cual le posibilita el cambio y por lo tanto la innovación. Innovar en la idea Ibiza pasa por ejercer su condición filosófica y transformar la dialéctica operativa de sus juicios previa mediante la capacidad crítica de la reflexión. Podemos hacer muchas reflexiones; las primeras pasan por un diagnóstico de lo que es Ibiza: ¿Es esa representación previa la que define realmente Ibiza? ¿Cómo es Ibiza y cómo hemos llegado a esa representación de Ibiza? ¿Cuántas y cuáles representaciones de Ibiza están operativas en las conciencias de los actores implicados? La reflexión sobre la idea de ciudadano de Ibiza, uno de sus elementos, es fundamental; ahora podemos definirlo como: componente de un destino turístico que se debe conservar. ¿Es esa nuestra identidad? (¿o es la que se encontraba el viajero, ahora casi como pieza de museo al servicio del turista?) Parece ser que sí que esta representación imperante es la que ahora se encuentra en las entrañas, en los fundamentos del ciudadano de Ibiza del presente. La predicción futura con estos parámetros operativos es firme: Ibiza continuará siendo un destino turístico y el ciudadano de Ibiza un derivado de los gustos del turista.

Las segundas reflexiones pasan por un cuestionamiento de las opiniones operativas y sus consecuencias: ¿Nos conviene esta estrategia de entrega operativa absoluta a la demanda, a la soberanía del turista? ¿Es Ibiza un valor en sí mismo o solo en base a la demanda? ¿Cómo cuánto vale Ibiza? ¿Vale lo que dé de sí en términos de mercado? ¿Es esa idea de ciudadano de Ibiza la que queremos vivir, en la que queremos existir? ¿O quizá nuestro querer no importa y ya debemos resignarnos a esta identidad puesta en marcha y obrar dentro de ella? ¿Cuánto queremos que abarque esta idea en nuestras vidas? ¿Hasta dónde debemos hacerla llegar? ¿Qué hay detrás de esta posición de nuestra conciencia? ¿El miedo, el instinto de supervivencia, la codicia?...

Las terceras reflexiones irían acompañadas de un ejercicio de imaginación sobre otras ideas de Ibiza, sobre otros mundos posibles. ¿En qué queremos convertirnos? ¿Qué ocurriría sí desplazásemos la representación imperante a un segundo o tercer nivel y ubicásemos, por ejemplo, como representación principal la idea de prestar atención prioritaria a la Ibiza de los ciudadanos de Ibiza y que lo turístico gire a su alrededor? ¿Qué significa esto y qué implicaciones tiene? ¿Qué ocurriría si marcásemos la pauta en base a unos valores, una misión y una visión para Ibiza que dependa de un estilo de vida deseado por los ciudadanos de Ibiza en lugar de ceder a los intereses de una demanda cambiante que no depende a priori de nosotros?

La cuarta y última reflexión convocaría a decidir sobre uno de esos mundos posibles, de una de esas ibizas posibles, desarrollarla y hacerla realidad de una manera consciente y responsable gracias a otra de las características fundamentales del pensamiento, según Foucault, su capacidad de constituir nuevos juicios, de coordinar el quehacer del que piensa y, por lo tanto, de generar nuevas causalidades y realidades en las que envolvernos. Es el momento de decidirse por una respuesta a estas preguntas: ¿Qué clase de idea queremos que represente a Ibiza? En nuestro día a día, ¿qué somos? ¿qué hacemos, en qué nos está convirtiendo este algoritmo dialéctico, en qué estamos convirtiendo Ibiza y por lo tanto uno de sus elementos, el ciudadano de Ibiza?

En estas reflexiones salta a la vista que el sentido que damos a Ibiza no es geográfico, político o económico, es filosófico y se encuentra en las ideas que sobre Ibiza tengamos. Según Foucault Ibiza es una idea filosófica porque podemos elegir su destino, podemos elegir el destino de sus sentidos y de sus fuerzas gracias al principio de libertad creativa constituyente del ser humano. Esto no ocurre con conceptos sometidos a una técnica, ciencia o disciplina la cual los hace datos de sus previsibles sistemas de cálculo. En conclusión; sobre qué juicios operativos elegiríamos radicar la idea de Ibiza para que gobierne nuestros actos hacia unas finalidades deseadas. Uno, el concepto de sostenibilidad, el cual está por ejecutar y sobre el que se está poniendo mucha energía, y dos, sobre la idea filosófica de vida digna, la cual está amenazada de digitalización (control administrativo) y que está todavía por reflexionar, definir y por asignarle una partida presupuestaria de alto nivel para hacerla realidad.