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El eterno caso de la depuradora inacabada e imperfecta es un ejemplo idóneo de que, a mayor cantidad de políticos y órganos competentes, peor se funciona. Se obstaculizan entre sí, las competencias se triplican, la legislación se entorpece y todos esquivan el bulto para ganar un día más de sus prebendas oficiales.

La maraña burrocrática es el parapeto perfecto para que se echen las culpan los hunos (bajo la pezuña de su caballo no vuelve a crecer la hierba) a los otros y no asuman su responsabilidad. Lo único claro es que muchos mienten como bellacos. Así se pasan la pelota en un juego que nada tiene que ver con el de los antiguos mayas, cuyos vencedores acaban sacrificados. Aquí todos perdemos.

Los únicos que podrán poner orden en tal escándalo y depurar responsabilidades son los que, hartos de tanto olor a podrido,    han denunciado al Ayuntamiento de Vila. Si la Justicia se da prisa, podremos saber de verdad quién es el responsable de tanto retraso en una depuradora que todo el mundo considera fundamental, pero que se retrasa criminalmente. Ya basta de echarse la culpa entre Ayuntamiento, Consell pitiuso, Govern Balear, Gobierno español y hasta algún que otro mamón de Bruselas.

¡Y qué decir de los emisarios que desembocan en la mar color de vino llenos de mierda! Son el mayor peligro para la tan querida posidonia y la salud del litoral. Pero a los demagogos les resulta mucho más fácil cargar contra el fondeo de los barcos recreativos. La vital ecología también es pasto de mucho irresponsable caradura que no tiene idea de naturaleza.

¿Es demasiado pedir al excesivo número de políticos que trabajen todos a una por el bien común?