La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. | Jesús Hellín - Europa Press

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Cuando Yolanda Díaz, figura sin duda carismática y cada día más controvertida, se lanza al mar de las escuchas, lleno de tiburones que quieren devorar el futuro de la izquierda, todo son cábalas y preguntas: ¿qué es lo que en realidad pretende la aún vicepresidenta? ¿merendarse al PSOE, en un ‘sorpasso’ improbable, o convertirse en su báculo, en el complemento necesario para poder gobernar a partir de finales de 2023? La señora Díaz no lo dice claramente; puede que ni siquiera lo sepa claramente. Pero sí creo que su propósito sincero es contribuir a regenerar la triste vida política de este país, con lo que se convierte en la diana de no pocos dardos, bastantes de ellos socialistas.

El caso es que la señora Díaz llega en un momento en el que el PSOE, que es partido con cientos de sedes y bastantes miles de afiliados, aparte de casi siglo y medio de historia no siempre pacífica, da alarmantes muestras de atonía. El 40 congreso del partido, en octubre de 2021, no hace ni un año, cometió el error de poner al ‘aparato’ en manos poco capaces, por decirlo suavemente; ello ha hecho que el peso del partido pase casi en exclusiva a La Moncloa y que Félix Bolaños actúe no pocas veces casi como un vicesecretario general, sin serlo.

El desinterés de los jóvenes por el partido fundado por Pablo Iglesias Posse en 1879, y que Pablo Iglesias Turrión intentó merendarse en 2016, es patente. No estoy seguro de que Unidas Podemos, el partido a la izquierda que fundó Iglesias (Turrión, claro) y del que ahora ha desertado, concite mayor pasión entre los menores de cuarenta: sé que, tal y como está, no es ni alternativa ni complemento para la formación que lidera Pedro Sánchez.

Creo que Yolanda Díaz suscita mayor interés. Y no solo entre los jóvenes. Ella da sus pasos con extremo cuidado, tan extremo que ahora mismo ni siquiera sabemos por dónde seguirá caminando. Dice que prefiere ‘escuchar’ antes de adentrarse en mayores definiciones. Veremos a quién escucha. De momento, ni la enorme polémica sobre Bildu, ni la forma del Estado, ni el atlantismo y el presupuesto en Defensa, han logrado que la señora Díaz se pronuncie abierta, tajantemente, aunque se le entienda casi todo. No quiere enemigos, lo que quiere decir que de momento tampoco cosechará grandes amigos.

Veo con esperanza cualquier operación política que trate de moralizar y ‘descrispar’ este carajal que es la política española. Pero me parece que regenerar el país es tarea que sobrepasa, hoy por hoy, el tibio, demasiado polivalente, mensaje de la señora Díaz. Ahora mismo es bastante más fácil regenerar el PSOE que suplantarlo, como intentó hacer Pablo Iglesias y mire usted a dónde ha ido a parar.