Una de las imágenes más recientes del Hotel Montesol, situado desde hace 81 años en el paseo de Vara de Rey. | (c) Sergio G. Canizares

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Si realmente a primeros de enero cierra definitivamente sus puertas el Hotel Montesol, tal y como avisaron el pasado lunes a este periódico sus trabajadores, un pedazo muy importante de la historia de la ciudad de Vila se irá con ese portazo. Y es que ya nada será lo mismo cuando los residentes y turistas paseen por el paseo de Vara de Rey en dirección al puerto de Eivissa.

No en vano, la historia de este edificio, considerado como Bien de Interés Cultural (BIC) en 2002, comienza hace 81 años con el nombre de Gran Hotel Ibiza. Según recoge la Enciclòpedia d’Eivissa i Formentera el hotel, de estilo colonial y considerado como la obra cumbre del maestro de obras ibicenco Joan Gómez Ripoll, Mestre Campos, fue inaugurado el 4 de junio de 1933 siendo su primer propietario el médico Joan Villangómez Ferrer, una persona muy apreciada dentro de la sociedad ibicenca y perteneciente a una familia de farmacéuticos establecida en Eivissa desde hacía más de un siglo.

Su inauguración fue uno de los grandes eventos de la época y a ella asistieron las principales autoridades y personalidades no sólo de la isla sino también de fuera como representantes del Ayuntamiento de Palma y periodistas de Mallorca, de la Península e incluso extranjeros. Todos ellos degustaron un menú compuesto de «consomé Royal Printanier, langosta a la bellavista, pollo a la diplomática, espárragos de Aranjuez, filete a la broche, ensalada, copa peche melba, fruta variada y vinos de marca y champagne».

El Gran Hotel Ibiza fue de los primeros que inició una campaña activa en la prensa local de la época. Tal y como se explica en el libro Domingo Viñets, Fotògraf i Editor, elaborado por Fanny Tur, «desde una semana antes ya se anunciaba en los periódicos la futura inauguración con los precios del servicio de restaurante, que abriría desde las ocho de la tarde a las diez de la noche, y que ascendería a 15 pesetas más vino aparte por el cubierto».

Referente de lujo

Desde sus primeros días el Gran Hotel se caracterizó por su grandiosidad y lujo para la época, convirtiéndose en uno de los pilares básicos del crecimiento turísico que estaba viviendo Eivissa. Según el libro elaborado por Fanny Tur, los periódicos destacaron que el edificio inicialmente disponía de un gran vestíbulo, cocina, «con todo lo necesario para el moderno arte culinario», comedor de reserva, salón de fumadores, «con preciosos muebles de estilo modernista», y una gran biblioteca, «con muebles de estilo renacimiento mallorquín» en la que había espacio «para las mejores obras nacionales y extranjeras y gran número de periódicos en todos los idiomas». Además, la prensa resaltó que en los pisos 1º y 2º estaban las 72 habitaciones, con espacio para 126 plazas en total, y que estaban amuebladas «con exquisito gusto, algunas con cuarto de baño completo, y todas compuestas de cama, mesita de noche, escritorio, lavabo, armario, una butaca y dos sillas».

Lo cierto es que la puesta en marcha del Gran Hotel Ibiza tuvo una importancia decisiva en el desarrollo de la ciudad de Eivissa. Como explica l’Enciclòpedia d’Eivissa i Formentera, se construyó en un momento en el que no había comedores ni alojamientos en la isla para dar cabida a los primero cruceristas que llegaban procedentes de Barcelona o o de Palma. Es más, este hotel fue también el primero de la isla que adquirió carácter internacional, manteniendo un buen nivel de ocupación y una clientela de alto nivel económico, y llegando a albergar en 1934 la primera oficina de información turística que se creó en Eivissa, la International Tourist Office.

Desde 1936 y durante el tiempo que duró la Guerra Civil y hasta que acabó la II Guerra Mundial, en el año 1945, sus instalaciones fueron usadas por el ejército del dictador Francisco Franco. Fue sin duda una de las épocas más oscuras de su historia ya que albergó el Juzgado Militar de Instrucción, desde donde se coordinaron las acciones represoras encaminadas a la búsqueda y detención de los defensores de la causa republicana.

Reapertura en 1946

Finalmente, superado el conflicto el Foment de Turisme d’Eivissa decidió impulsar su reapertura el 14 de junio de 1946 con el nombre de Hotel Ibiza ya que en aquella época la denominación ‘Gran’ sólo estaba destinada a hoteles de máxima categoría. Para ello impulsó una sociedad que aportara los fondos que el hotel necesitaba para volver a funcionar como antaño y que estaba presidida por Ildefons Pineda e integrada por Cèsar Puget, Manuel Verdera, Josep Marí, Manuel Sorà, Marià Marí, Josep Costa, Vicent Torres, Joan Bonet, Antoni Marí y Marià Ramon.

En junio de 1950 el hotel fue adquirido por Antoni Planells Ferrer, quien lo dirigió hasta finales de 1958. Según la Enciclòpedia esta segunda etapa fue «más difícil porque aunque ofrecía un buen estándar de calidad empezaba a no ser rentable porque era la época del racionamiento y el hotel, al no tener permiso oficial, se veía obligado a comprar los productos en el mercado negro donde los precios eran mucho más altos».

Así, con el paso de los años el Hotel Ibiza llegó a una situación «insostenible» a pesar de que sólo sus instalaciones suponían la cuarta parte de toda las plazas disponibles en la isla. Por ello, Planells Ferrer comienza una intensa labor de promoción turística en prensa nacional y extranjera y en las proyecciones de cines y teatros como el Liceu de Barcelona que consigue un apreciable incremento de clientes.

Sin embargo, nuevos problemas, «como la falta de mano de obra profesional, la competencia desleal, la desconfianza del régimen franquista» provocan que Planells Ferrer acabe traspasando el negocio en 1958. Es el momento en el que pasa a llamarse Hotel Montesol bajo la dirección de una empresa madrileña que ya tenía un establecimiento hotelero con el mismo nombre en la capital de España.

Portada de calendario

A pesar del cambio de nombre y sus distintos vaivenes sigue manteniendo su enorme prestigio a nivel nacional e internacional. El hotel se convierte en uno de los iconos de Ibiza, siendo una de las postales más repetidas por los turistas e, incluso, el fotógrafo catalán Toni Riera lo elige como portada de uno de los calendarios más icónicos de la discoteca Pacha en el año 1967. Es el tiempo en el que Eivissa vive una auténtica revolución turística y son muchos los que acuden a la terraza del hotel, entre ellos Carolina de Mónaco, Orson Welles o el mítico grupo de música Pink Floyd.

Sin embargo, el tiempo no perdona y comienza a hacer estragos en sus instalaciones. Tal vez por ello, es renovado completamente en el año 1996 para acoger sus 55 habitaciones actuales, de las que 34 son dobles y 21 de ellas individuales. Además, hace menos de un año su cafetería fue reformada para ajustarse a los cánones actuales pero sin perder un ápice de su antiguo encanto. Un encanto que no ha impedido que, después de 81 años, el hotel más icónico de Eivissa esté en serio peligro.