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El «tito» de las grandes estrellas del fútbol abre las puertas de su casa-museo así como las de su corazón. Manifiesta estar afectado por la envidia de quienes no comprenden las facetas de la profesión que ejerce y se muestra resentido ante este hecho. Modestia aparte, Juan Mesa Guerrero, conocido popularmente como Labi Champion, es un hombre hecho a sí mismo desde que se hiciera cargo de sus 12 hermanos y emigrara a Ibiza, donde conoció al mentor que cambió su vida, José Antonio Camacho. Habla con propiedad de todos los que le rodean y con pasión de lo que es poder tratar de cerca con lo mejor del fútbol y la sociedad.

—¿Cómo ha ido la temporada? ¿Qué le dicen los futbolistas de Ibiza durante sus vacaciones?
—La temporada aún sigue. Septiembre y octubre también es un sin parar. Con respecto a mis ‘sobrinitos’ hay variedad de opiniones. Por lo general están muy felices, muchos tienen aquí su casa y no tienen queja, pero sí es cierto que cada vez hay más agobio y falta de intimidad. Ellos también tienen sus hijos y no pueden disfrutar de la arena o del agua como cualquier niño. También me da mucha pena que Messi, Fábregas o Cristiano no puedan bajar a la orilla.

—Entonces, ¿hacia dónde va Ibiza?
—Creo que nos estamos confundiendo. Hay que bajar el ritmo porque a nivel económico en Ibiza no se juega cada día un Madrid-Barça, sino también lo hacen equipos humildes como la Peña Deportiva. Además, los jugadores tienen un nivel adquisitivo alto pero no son tontos. Pueden comer entre 60 y 90 euros, pero si te cobran por lo mismo 250 euros, vino y cancioncita aparte pues no son tontos. Yo y mi ‘Meloncilla’ –su mujer Mari Carmen– somos unos privilegiados por ir con ellos pero a la hora de pagar me dicen: «Joder, que esto cada día está más caro». Por otro lado, cuanta más publicidad hagan de Ibiza yo más feliz me siento, y aunque me piden entrevistas sobre los futbolistas no las doy, yo soy más directo que el revólver de Gary Cooper, voy de frente. Soy un tío top, muy difícil de llevar y muy complicado de dominar. Esto es una entrevista a corazón abierto, este es el Labi transparente y no tengo miedo a ninguna pregunta.

—Realmente, ¿a qué se dedica?
—Lo voy a aclarar de una vez por todas porque nunca he dicho que viva de mis futbolistas. Lo que sí he dicho es que ellos se portan muy bien conmigo. No tengo contrato sino amistad con ellos, cuando los he necesitado siempre han estado a mi lado y es de agradecer. Yo no hago ningún servicio, soy su hombre de confianza y esa es mi dedicación. Lo mismo salgo a comer con Camacho y luego me voy a cenar con Pepe Reina. Ellos tienen una compensación conmigo y se portan bien, ya está. Lo ideal es que tuviera un sueldo de cada uno, pero entonces no sería el Labi. Esto es una profesión 100% liberal, yo no estoy hipotecado con nadie.

—De todos los que conoce, ¿a quién admira más?
—A José Antonio Camacho Alfaro, ‘mi Camachín’, que tiene casa aquí, como casi toda la selección española. España fue campeona del mundo un martes y yo tuve el viernes a 14 jugadores comiendo conmigo en Malibú, esa es mi dedicación. Son jóvenes y tienen derecho a divertirse y en este aspecto mucha gente se confunde. ¿Quién no ha tenido 23 años y es guapo y joven? Entonces, ¿por qué no se van a poder tomar dos o tres copas como cualquiera? Eso sí, a todos les digo que se vayan en taxi. Yo llevo muchos años con la envidia encima por esta vida que llevo. La gente que no lo entiende se dedica a vender humo, y todos esos son unos cabezas cuadradas.

—¿Usted fue futbolista en Ibiza?
—Me vine con 13 años a Es Canar, con mi tío Manolo, que ahora está ingresado y espero que se recupere, y mi tío Miguel hacia el 73 o 74. Empecé a jugar en la Peña Deportiva. Hay una persona a la que le tengo que agradecer mucho porque me lo dio todo sin haberle dado una peseta, don Bartolomé Darder, ‘Tolo’. Yo era un rebelde y un broncas y apostó por mí. Era como un James Dean en Rebelde sin causa. Luego pasé al Hospitalet, con Miguel Moreno, Carlitos, Arturo, etc. y metí el gol del ascenso a Tercera. Doce años después mi hijo, que jugaba en el juvenil del Ibiza, marcó el gol del ascenso a la Liga Nacional. El Labi padre en el Hospitalet y el Labi hijo en el Ibiza, fíjate la coincidencia. Tras pasar por el Hospitalet, cuando el Ibiza estaba en Segunda B, el entonces entrenador, Curro, me descartó y luego se arrepintió pero yo me lo encuentro por la calle y lo abrazo. Al principio me hundí por ese hecho, pero somos muy amigos.

—¿Entonces le va lo de entrenar?
—Entreno a los veteranos de la Peña, me gano la vida alrededor del fútbol pero no me gusta entrenar porque soy muy golfillo y no me gustan las disciplinas. La noche me gusta mucho y para ser futbolista hay que cuidarse y ser disciplinado. Y yo tengo más noches que la luna. Yo soy responsable cuando tengo que serlo, como cuando me dedico a mi familia.

—¿Cómo son Cristiano y algunos otros?
—Pues mira, Cristiano viene a descansar a Ibiza. Es encantador y cariñoso aunque le tachen de borde. Pero hay que entender ciertas cosas. Yo he estado 24 horas con él y he visto cómo se hace 3.000 fotos al día y eso es agobiante. Yo le tengo mucho aprecio y soy culé. Es encantador y le pidas lo que le pidas te lo da. Además de ser un grandísimo profesional y ser de los dos mejores jugadores del mundo, como amigo te adora y no te hace un feo en la vida.

—¿Y el resto?
—Tengo buenos amigos en los equipos top de la liga española. Tendría que haber sido representante pero tomé el camino que he tomado y de no ser así, ahora no sería el Labi. Me gustaría mencionar también a Paula y David Bustamente, que son muy buenos amigos míos y acaban de separarse. Les deseo lo mejor a ambos.

—¿Qué sería de sus ‘sobrinitos’ sin usted?
—Ellos lo han dicho: «No sabríamos estar en Ibiza sin nuestro Labi». En el evento en el que colaboré para traer a diez jugadores profesionales a los niños de la Peña de Santa Eulària como Hierro, Reina o Arbeloa dijeron públicamente: «Ibiza no sería Ibiza sin el Labi». Para mí son mis amigos pero también me junto con albañiles, fontaneros y soy igual de amigo comiendo con ellos o con los campeones del mundo. ¿En qué se distingue eso? En lo que contaba de la gente que quiere vender humo y quiere enfrentar. Conmigo no se pueden meter, no encuentran nada.

—¿Habla de envidias?
— Sí. Eso ya me costó un puesto de trabajo en 2002 en el que estuve 25 años, sin haber recibido una sanción ni haber generado ningún conflicto. Fue por uno que me tenía celos. Todo porque llegaban al aeropuerto José María Aznar y Abel Matutes, al cual quiero mucho, y fui a recibirlos. Aznar entonces me abrazaba como lo hacía Camacho con un «¡Ay mi Labi!». Entonces caí de baja, cosa que en 25 años no hice y me echaron a la calle. Así pagué yo la honradez de un trabajador con mis defectos y mis virtudes, porque tenía mis fallos como otro cualquiera, pero yo no he robado ni traficado. A mí me echaron por celos a mi popularidad y mi ambiente social de amigos. A la gente de la que hablo la veo y me dan mucha pena, están muy mayorcitos. Me dan ganas de pararlos por la calle y darles un bocadillo. Me dejaron en la calle con un niño de siete años. Estas cosas se deben hablar en un despacho y llegar a un acuerdo, pero no hacerlo de esta manera. Pienso que cuando alguien toma decisiones debe pensar en la familia y si se cometen errores te sientas en una mesa y lo aclaras como los hombres. Sinceramente, yo podría estar forrado con mis contactos pero prefiero ir por delante y sin cuentas con nadie. Si no, no sería el Labi.

—¿Se considera una persona de éxito?
—Sí. Pero mi éxito se llama respeto, humildad y lealtad. El día que yo no sea eso no estaré donde estoy. También miran con lupa todo lo que hago en Ibiza, cuando todo es legal. Asimismo, tengo una faceta solidaria que yo considero parte de mi éxito. Las camisetas que me regalan los jugadores se las doy a los niños del Club de Fútbol de Ibiza, o las reparto por el hospital a muchos chavales que están ingresados. Y me critican por ello.

—¿No le da mucha importancia a la opinión de los demás?
—Sí, porque eso es lo que me costó el trabajo. Eso me abrió los ojos y ya no me fío de nadie. Lo del conflicto en la compañía aérea pasó hace 15 años. Yo antes descargaba maletas y ahora me las traen a casa. Hoy los turnos me los pongo yo. Hoy me levanto a las doce y me acuesto a las seis. Si ahora me llamaran y me ofrecieran el doble, iba y los liquidaba con una ametralladora. Yo sufrí mucho y aún me pregunto el porqué si solo había salido en unas fotos.

—¿Qué trabajos ha realizado con Camacho?
—Tras el despido empezó a llevarme por ahí. Era seleccionador y me iba con él a ver partidos, a comer y he viajado con él a Europa, China o Nueva York. Soy como un hermano para él. Muchos a los que asisto son partidos benéficos. Yo colaboro a la hora de sacar las fotos con los futbolistas en estos eventos.

—Entonces, ¿también trabaja fuera de la isla?
—Claro, hago de ayudante de los banquillos. Llevo cinco años colaborando en el acontecimiento benéfico navideño de La Marató de TV3 y siempre repito porque es uno de los días más felices de mi vida. Se hace en el Mini Estadi y mi papel es hacer de segundo entrenador. También colaboro en partidos benéficos como en Granada, Un juguete una ilusión, donde cada niño lleva un juguete y se reparten a los más necesitados. Los toreros, después de la última estocada, me llaman y organizamos la agenda para que asistan. Y si me llaman cada año me tendrán que querer mucho.

—¿Ahora qué tiene en mente?
—El día 21 me voy a Madrid, porque mi amigo Ángel Martín de la Fundación Clínica Menorca organiza un campeonato de golf contra el cáncer de mama. Estarán presentes Cristiano, Ramos, Bernd Schuster o José María Manzanares. Y cuando acabe la temporada viajaré y veré fútbol. En invierno hacemos unos ocho partidos y también algo muy bonito en mi pueblo, Huércal-Overa de Almería, donde soy pregonero. Sin embargo, me gustaría organizar algo con los grandes del futbol allí porque es algo que no he podido hacer. La verdad es que me adora todo el pueblo y tengo allí a casi toda mi familia. He sido el mayor de 12 hermanos.

—Y eso, ¿le ha forjado su carácter?
—Eso me ha forjado la mochila que me dejó mi padre. El mensaje que él me dejó fue: «Tira de este carro que aquí vienen todos los labios metidos» –la familia Mesa–. Y me pesó en aquella época tan dura. Aunque sea en la distancia, mi familia es mi punto débil porque no se me olvida lo que hemos pasado. Han sido calamidades. Me pongo a recordar y había días en los que en el frigorífico no había ni para comer. Por eso, me jode que mucha gente me critique sin saber de mi niñez y de lo que he pasado. Sin embargo, lo llevo con orgullo, como cuando volví a mi pueblo siendo todavía muy joven y les compré cuatro bicicletas a cuatro de mis hermanas y la vi montadas en ellas.

—Siempre le ha dado mucha importancia a su familia.
—Mi familia es mi vida y el timón de ella es mi hijo. Su madre se ha sacrificado por darle una educación. Mi pareja es un estandarte en mi vida, tanto madre, hijo, como mi actual mujer se llevan muy bien y ese es un complemento que si no hubiera ese buen rollo yo no sería feliz.

—¿Es sensible?
—Soy sensible porque soy buena persona. Yo ya no puedo ir a un tanatorio desde la muerte de Ángel Nieto y la de mi hermano el 1 de noviembre de 2016. Era mi ‘Tarzán’, como le llamaba cariñosamente. Esta entrevista se la quiero dedicar a él, que la vea él allí donde esté. Era el número uno, un fenómeno. Y con Nieto hacía apenas unos días que había estado con él. Desde aquí mando un abrazo a sus hijos y a su mujer Belinda.

—Se emociona.
—Me estás viendo reír y llorar, ese es el Labi tal cual, yo no tengo dos caras. Llegué a Ibiza con 13 años y los mocos colgando. Entonces cobraba 300 pesetas y mandaba a mi padre hasta las propinas. Yo no aspiro a ser multimillonario, prefiero morir así, con lo que tengo.

—Me están entrando ganas de ser Labi.
—Me parece muy bien, porque no tengo dobleces, soy como soy. Soy feliz en mi rinconcito, otros tienen sus chalets. Mis sobrinitos vienen a mi casa y les preparo empanadas y tortilla de patatas. Me gasto 30 euros y les digo: «Venga, 100 por cabeza», en broma, claro. Para Camacho esta es su casa. Kiko Narváez tiene hasta las llaves. Cuando sus hijas hacen ruido viene a mi casa a descansar. Igual vienen aquí a ver un Atlético de Madrid–Villarreal. Prefiero vivir así. Mi sueño es comprarle un ático en el puerto a mi hijo, pero él cuando está aquí con sus amigos me dice: «Papá, si estoy tan feliz aquí que para mí esto vale cinco áticos», fíjate.

—¿Qué puede aprenderse de usted?
—No sé. Mis etapas en la vida han pasado de ser el Labi pobre, el modesto, el emblemático y el famoso. Bruto también, pero el Labi auténtico. Yo solo deseo ver a mi familia con salud, que no me falte un euro para comer y no tener que deberle nada a nadie. Yo estoy donde estoy por mi lealtad. Los futbolistas y famosos no son tontos, viven rodeados de intereses e interesados, pero cuando les tocan los sentimientos lo que dicen ellos es que «a éste no me los toque». En estos círculos o tienes mucha amistad o estas muerto. Lo agradezco y me gusta ser agradecido. Solo me conformo con poder seguir disfrutando de las tertulias futbolísticas en mi Malibú y mi Keeper.