Coronavirus

Los lectores acuden a las librerías en un Sant Jordi «triste» sin puestos en Vara de Rey

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Una mujer busca diferentes títulos entre las estanterías de la Librería Hipérbole en un Sant Jordi inusual por la pandemia de la COVID-19.

Una mujer busca diferentes títulos entre las estanterías de la Librería Hipérbole en un Sant Jordi inusual por la pandemia de la COVID-19.

DANIEL ESPINOSA

El Sant Jordi de 2020 será recordado como otra de las anomalías en el calendario de las festividades, que la pandemia ha obligado a aplazar y puede que incluso suspender.
Los tradicionales puestos de los libreros en Vara de Rey, hoy casi desierta, dejaron paso a algunas escenas frente a las librerías con colas de gente esparcida por la calle, guardando una distancia prudencial, equipada de guantes y mascarillas.

10-15 % de las ventas al año
Las ventas de este día tan señalado suponen entre un 10 y un 15 % de las ventas anuales de algunos establecimientos como la Llibreria Mediterrània, según afirmó su dependiente, Vicent Marí, unas cifras a las que este año no espera «llegar ni mucho menos». «Es un Sant Jordi muy diferente a los que estamos acostumbrados porque siempre se celebra en Vara de Rey y este año estamos en la tienda y podemos abrir porque tenemos licencia de prensa y esto nos permite atender a los clientes», subrayó.

Para que la pérdida no sea total, lectores como Eduardo se acercaron para apoyar al comercio local donde iba habitualmente antes de que empezara el confinamiento. En su caso, se acercó hasta la Librería Hipérbole para comprar dos libros, uno para su pareja y otro para él. «El de mi pareja creo que es una novela romántica y el mío trata sobre la historia de la civilización y el cambio climático, un poco lo se lleva estos días», señaló.

Sobre cómo está viendo este Sant Jordi, Eduardo indicó que está siendo «triste sobre todo», porque «una rosa de papel [que regalaban en la librería con la compra de un libro] no es lo mismo».

El mismo sentimiento de tristeza tenía Susana, que salía de Mediterrània y «echaba de menos las rosas». De hecho había pasado por una floristería que estaba abierta y «solo tenían margaritas».

Ella acudió a la librería para comprar libros a sus tres niños de entre siete y nueve años, porque estos días trata de entretenerlos con la lectura. «En casa lo celebramos mucho y este año no lo hemos podido celebrar mucho, de hecho los niños me han preguntado si no podrán los puestos en Vara de Rey cuando puedan salir y les he dicho que no lo sé», explicó.

Sin embargo, personas como Lara agradecen que las librerías abran días como el de hoy, porque «los libros le ayudan bastante a pensar en otra cosa». Ella es enfermera y la sobrecarga de trabajo de estos días no le permite «aprovechar mucho» su tiempo libre ya que «aunque tengan días libres, es imposible desconectar».

Julián Sanz es responsable de Hipérbole y cree que con esta situación, las grandes empresas como «Amazon o La casa del libro generan muchas ventas on line y es algo que pierden las pequeñas librerías». Sanz confiesa su preocupación a que ese «flujo o hábito» perdure en la gente y que, además de la bajada en las ventas que ya han tenido durante el confinamiento -habla de un 60 o 65 %-, se derive a esos canales.

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