Una gasolinera en Ibiza. | Marcelo Sastre

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La escalada de precios en la cesta de la compra y en los gastos más básicos, como la electricidad o los carburantes, se nota ya en los bolsillos de los ibicencos y formenterenses. Detrás de este encarecimiento generalizado no se encuentra sólo la guerra en Ucrania sino que muchos empresarios de las islas comenzaron a notar hace meses cómo sus ganancias se resentían y aumentaban los gastos. Según creen muchos, la situación va para largo.

El vicepresidente en las Pitiusas de CAEB, José Antonio Roselló, reconoció ayer la creciente preocupación por este periodo actual, con una inflación disparada a consecuencia de la pandemia y con dificultades para «darle la vuelta». La guerra en Ucrania empeoraría todavía más este debilitado sistema económico, auguró Roselló. «La preocupación es máxima», señaló el experto.

Roselló explicó también que los movimientos de los bancos centrales serán fundamentales a la hora de evitar una crisis mayor y consideró que la negociación colectiva debe abordar «con prudencia» este asunto para evitar «una espiral de precios y salarios muy inconveniente, tal como sucedió en los años 70». «Si mal íbamos, ahora vamos peor», lamentó también Roselló en relación a los costes energéticos. Todo dependerá de la duración del conflicto en Ucrania: «Si es muy larga habrá muchos problemas que se agravarán. Si fuera corta, volveríamos a la situación anterior, que tampoco es la deseable».

La gasolina

El propietario de Carburantes Ibiza, Mariano Matutes, reconoció que les resulta imposible pronosticar cuándo va a frenarse esta escalada de precios. De hecho, lamentó que cada cisterna que reciben por parte de las petroleras es a un coste diferente: «Antes nos sucedía una vez a la semana. A raíz de la incertidumbre actual, con cada cisterna ahora nos modifican el precio al alza. Los estamos cambiando continuamente y es un verdadero desastre y creo que durará bastante tiempo esta situación».

El empresario destacó que la guerra ha limitado las exportaciones, motivando que se registren estos números. En caso de lograr la apertura de nuevos mercados como Venezuela, la situación podría remitir ligeramente. Según anunció Matutes, el coste de un litro de gasolina normal superará los dos euros en breve.

Los clientes de los bares y cafeterías tampoco son ajenos a estas subidas y si algunos empresarios habían optado por incrementar el precio del café a comienzos de año, otros han esperado a subirlo ahora. En cuestión de días y en un mismo local, quienes pagaban por un café con leche y una tostada con queso 3,70 euros, han pasado a abonar por lo mismo 3,90 euros. «Es la subida anual. Nunca quieres ser el primero en subir los precios», reconocía ayer el propietario de un conocido local que prefiere ocultar su identidad. Este empresario lamentó que «ha subido todo», aunque son conscientes de no poder repercutir sobre sus clientes todos esos gastos.

En su caso, esta subida de precios arrancó el pasado octubre y no será hasta dentro de unos meses cuando se noten realmente los efectos de la guerra en Ucrania. «Estas subidas no van a parar», lamentó también.    Entre otros ejemplos, destacó cómo han pasado de pagar 0,10 céntimos por las botellas de plástico que utilizan a 0,20 céntimos y, en cuanto a las latas de atún, esta semana les comunicaron que el precio sube de cinco a siete euros.

Los ganaderos

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También van a sufrir este incremento de precios en la Cooperativa de Ganaderos de Ibiza. Uno de los socios, Isidro Ramis, explicó que la previsión es que el precio de los piensos aumente el próximo mes debido a la guerra en Ucrania, uno de los proveedores mundiales más importantes de este producto. En esta asociación de reciente creación sí sufren ya el encarecimiento de la electricidad y de los combustibles. Ramis recordó que el pasado año el gasoil agrícola se pagaba a unos 86 céntimos el litro frente a los 1,18 euros actuales. En cuanto al coste de la luz, el ganadero lamentó que una factura de unos 200 euros al mes por el uso de una bomba se habría situado ahora en los 350 euros.    «He escuchado hablar de compañeros de trabajo que hablan de 600 euros cada mes», afirmó también.

La Pequeña y Mediana Empresa de Ibiza y Formentera reconoció ayer su preocupación ante el coste del combustible o la electricidad, «disparada hasta precios inasumibles», según reconoció el presidente Alfonso Rojo.

En este sentido, recordó que, desde comienzos del pasado verano, los empresarios pitiusos comenzaron a sufrir más de la cuenta con la crisis de suministros y los crecientes costes energéticos, subidas que, en muchos casos, no pudieron repercutir al manejar precios cerrados con los clientes.    El presidente lamentó que se había logrado reconducir el flujo de suministros -no los precios- pero la guerra «lo ha vuelto a tirar todo al traste».

Rojo anunció que junto a otras pymes regionales van a pedir al Gobierno algún tipo de intervención «y que tomen las riendas de estos sectores energéticos, que son estratégicos y no pueden depender de estos mercados tan volubles».

Desde la patronal temieron también los efectos de la falta de aceite de girasol al ser un producto utilizado a gran escala por parte de los restaurantes o bares.

José Raya, presidente de los transportistas en Pimeef, confirmó también que, si antes la situación estaba mal, «ahora peor todavía». Según señaló, este mes van a comenzar a repercutir la subida del combustible porque «ya no se puede aguantar más y estamos pasando precios nuevos».

El transportista recordó que en un año su gasto en carburantes se habría incrementado hasta un 50%.

Consuelo Antúnez, presidenta de la Asociación de Constructores de Ibiza, reconoció temer los efectos de la subida energética agravada por el conflicto en Ucrania. «Si el transporte se está encareciendo tanto por el tema del combustible, nos repercutirá también seguramente en las próximas semana».

En cuanto a la cesta de la compra, cualquier cliente de un supermercado habrá notado en las últimas semanas el encarecimiento de muchos productos. Entre lo más llamativo, una botella de un litro de aceite de girasol ha pasado en cuestión de días de 1,85 euros a 2,50 euros. Una botella de vino ha pasado de 14,95 euros a 16,95 euros. En cuanto al precio del cordero, el kilo de pierna o paletilla se ha encarecido entre siete y 10 euros.

El apunte

El oro sube

Una de las materias primas que más se resiente ante cualquier situación de conflicto es el oro. Así lo confirmó ayer la joyera Elisa Pomar, quien reconoció que confían en que bajen los costes de este material -así como de la plata- para poder mantener precios: «En los últimos días, éste ha subido a pasos agigantados. Estamos un poco preocupados porque no sabemos hacia dónde irá esta situación».

Pomar explicó que, en poco tiempo, un collar de oro ha podido pasar de los 1.000 a los 1.500 euros, aunque por ahora cuenta con un stock suficiente para atender la demanda en su negocio.

«De momento no lo he notado entre mis clientes, pero ahora mismo llamas para comprar oro a nuestros proveedores y el coste es desorbitado y te proveen a cuentagotas. Me consuela que vivo mucho de la creatividad más que de las materias primas», lamentó la joyera.    Todo dependerá de lo que dure la guerra en Ucrania, concluyó.