«La Iglesia debe acercarse a los jóvenes poniéndose en su piel y analizando y escuchando sus problemas»

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El sacerdote diocesano filipino Virgilio Bago en la puerta de la parroquia de la Sagrada Familia de Can Bonet. Fotos: MARCELO SASTRE

El sacerdote diocesano filipino Virgilio Bago en la puerta de la parroquia de la Sagrada Familia de Can Bonet. Fotos: MARCELO SASTRE

23-09-2018 | MARCELO SASTRE

Ayer fue un día histórico para muchos de los residentes en el barrio de Can Bonet, el núcleo urbano creado a finales de los años 50 del pasado siglo a la entrada del pueblo de Sant Antoni. El obispo de Ibiza y Formentera, Vicente Juan Segura, proclamó a la iglesia del barrio como nueva parroquia de la Sagrada Familia de Can Bonet, y más allá del significado religioso del acto, esto quiere decir que se segrega como administración religiosa de Sant Antoni y que, incluso, podría ser casi un pueblo aparte. De hecho, desde ayer, la nueva parroquia tiene unos límites establecidos muy claros, desde la avenida de Ses Païsses hasta el Camí de Sa Casilla, lindando con la carretera de Sant Antoni al norte y el Camí des Regueró al norte.

De entre los muchos presentes que había ayer en Can Bonet había tres a los que se les acumulaban las enhorabuenas y las felicitaciones. Por un lado, estaban Joan Tur y Toni Costa, los dos obreros de la parroquia que, como marca la tradición en Ibiza, se encargarán de ayudar en el correcto funcionamiento y mantenimiento de la iglesia durante los próximos cuatro años, y por otro Virgilio Bago, el que desde ayer mismo es el nuevo párroco de la Sagrada Familia y el capellán de todos los filipinos católicos en la isla.

Con su voz tímida y pausada y su permanente sonrisa, este sacerdote diocesano filipino de 47 años se ha ganado el cariño de sus vecinos con su cercanía. Sintió la llamada de Dios siendo niño, fue monaguillo y tras ordenarse sacerdote en 1999 llegó a la isla en 2010 siendo el segundo cura de su país que aterrizaba en Ibiza gracias a un programa de intercambio entre Filipinas y la Diócesis de Ibiza y Formentera. Tras pasar un tiempo con nosotros y regresar durante año y medio a su país, sintió que su lugar en el mundo estaba en la mayor de las Pitiusas y desde entonces no se ha movido. Desde 2016 es vicario en Sant Antoni, da misa en Can Bonet y ya se anima incluso con algunas frases en ibicenco. «Nada más llegar me dijeron que los ibicencos tienen un carácter muy especial, sobre todo la gente mayor porque se han criado en una isla, pero yo sólo puedo tener palabras buenas de ellos porque desde el primer día me han abierto las puertas de su barrio y me han acogido como uno más. Son gente encantadora y todo lo que han hecho por mí no lo olvidaré nunca», explicó ayer a Periódico de Ibiza y Formentera.

Seguidor de la palabra del Papa Francisco

El nuevo párroco de Can Bonet se considera un seguidor de la palabra del Papa Francisco y tras la misa de ayer y entre saludo y saludo, aseguró que trata de transmitir su mensaje a sus fieles en la recién creada Parroquia de Can Bonet. Bago se muestra partidario de acercar la Iglesia a los jóvenes «para evitar el desapego que muchos sufren de la palabra de Dios» y que eso pasa por «entenderlos, ponerse en su piel y analizar y escuchar sus problemas cotidianos en una sociedad que ha cambiado mucho con respecto a décadas pasadas».

Además, cree que hay que organizar actividades, más allá de las misas de los domingos, «para mejorar la vida civil y religiosa del pueblo». Así mismo, asegura que «hay que hacer todo lo posible para que los vecinos vean esta parroquia como algo que está a su lado, no como una institución que no sabe nada de su día a día». En este sentido, Bago recordó que desde hace un par de años se llevan realizando campamentos, talleres o juegos que van mucho más allá de los cursos de catequesis o las actividades para la Confirmación.

Por todo ello, Virgilio Bago asegura que se plantea tres retos para el futuro más cercano de la recién creada Parroquia de la Sagrada Familia. «Todo pasa por escuchar a la gente del barrio, conocer sus problemas y que les aflige en su día a día, después ofrecerles y que comprendan todo lo bueno que aporta el mensaje de Dios y por último ver como entre todos, vecinos y políticos, podemos mejorar y hacer de este lugar un sitio mucho mejor».

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