Editorial

Los ibicencos pagan el tren de Mallorca

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El Govern balear ha decidido traspasar 10 millones de euros del remanente de Ports de les Illes Balears a Serveis Ferroviaris de Mallorca (SFM). Esta decisión, además de constatar de nuevo la precariedad de la situación financiera de las arcas autonómicas, supone que parte de los beneficios que han generado los puertos de Sant Antoni y de Santa Eulària servirán para sufragar el transporte público de Mallorca. El Govern toma esta medida porque, al contrario de lo que sucede en el resto de islas, la gestión de los autobuses, metro y trenes de Mallorca no está transferida al Consell y sigue en sus manos.

Anomalía.
Esta anomalía, que debe ser corregida, permite al Govern sufragar con recursos de todas las islas, a través de los presupuestos generales y de otros instrumentos, el agujero que supone el transporte público mallorquín, con servicios tan deficitarios como el metro y el tren. Esta disfunción explica que un ciudadano de Mallorca reciba cinco veces más que uno ibicenco por el mismo servicio, según el cálculo de Ciudadanos. Lamentablemente, lejos de corregirse esta discriminación histórica, medidas como la tomada por Ports la multiplica. Cabe recordar que el proyecto de ampliar el metro hasta el Parc Bit recibirá 20 millones de la ecotasa, dotación que también pagan los pitiusos, en tanto que estas islas reciben mucho menos de lo que aportan, otra discriminación a corregir. Asimismo, la inversión de 1.720 millones de euros del Plan Director Sectorial de Movilidad de Baleares se destinará principalmente al tren, y también al metro y al futuro tranvía con Son Sant Joan. El Govern se ha apresurado a empezar a negociar la aportación del Ministerio de Fomento a dicho programa, anteponiéndolo a otras necesidades, tan importantes o más, como la adenda al convenio de carreteras y la firma de uno nuevo para Ibiza.

Agravio.
Acierta el vicepresidente del Consell, Javier Torres (Cs), al reclamar que parte del remanente de Ports sirva para pagar el millón que cuesta cada año que los autobuses paren en el Cetis, petición que, a la vista de los antecedentes y de la escasa sensibilidad con Ibiza y Formentera, difícilmente será aceptada.