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Urbanismo a la carta es una expresión que se ha utilizado mucho en los últimos años. Cuando a la izquierda no le gusta un proyecto urbanístico siempre sale a relucir lo de urbanismo a la carta. Es la primera frase que utilizan.

Queda genial, muy guay, logra captar la atención mediática, e intenta transmitir que los políticos que permiten estos proyectos (siempre del PP, claro) tienen intereses o amiguetes metidos en el negocio. Sin embargo, cuando hay proyectos urbanísticos que apestan, sin pies ni cabeza, los del urbanismo a la carta dicen que todo se ajusta al proyecto, que poco se puede hacer, y frases por el estilo. En pocas palabras, balones fuera.

Cuesta entender que el Ayuntamiento de Sant Josep no esté moviendo ni un solo dedo contra los talleres reconvertidos en apartamentos de «Vadella 64». Sin cédula de habilitabilidad los talleres no tendrán electricidad, ni tampoco agua conectada al sistema de suministro, a no ser que todo esto ya se haya pactado en algún despacho, que es lo que diría la izquierda si esta apatía gubernamental la protagonizase alguien del PP.

Es llamativo que en este asunto el Consell d’Eivissa denuncie el proyecto de Cala Vedella y el Ayuntamiento mire para otro lado, a no ser que lo que haya aquí sea una disputa interna en clave socialista, que todo es posible, porque ya se sabe que Agustinet puede ser el próximo candidato al gobierno insular, con el apoyo de Armengol y Costa, y es público y notorio también que Vicent Torres hace tiempo que perdió la sintonía con Palma.

Como no sea ese el motivo, lo cual no dejaría de ser sorprendente, no acaba de entenderse que dos gobiernos del mismo color político actúen de forma tan distinta con un asunto urbanístico tan peculiar.