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Jesús, al llegar el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga. El Señor es designado aquí por su trabajo y por ser el hijo de María. No se habla de San José, es probable que ya hubiese muerte. Los vecinos de Nazaret hablarán de Jesús, llamándole artesano e hijo del artesano. “Nadie es profeta en su tierra”. De esta manera el Señor nos hace comprender que nuestro trabajo profesional entra en los designios divinos. A través del trabajo, las personas participamos en la Obra de Dios, el Creador, y nos ayuda para que imitemos a Jesús el obrero e Hijo de obrero en mayúscula. Los oyentes de Jesús se admiraban y decían, ¿ Dónde aprendió estas cosas?. ¿ No es este el artesano?.

Es natural que los nazarenos o naceretanos pudieran creer que su conciudadano, al que veían todos los días en el taller de Nazaret, fuera el Mesías, el Hijo único de Dios. Les faltaba fe. El Evangelio también nos relata de que Jesús tenía hermanos. La palabra “hermano” no significa necesariamente hijo de los mismos padres. Esta confusión se debe a la pobreza del lenguaje; carecen de términos distintos el hebreo y arameo. La palabra hermano designa grados diversos de parentesco. Cómo sobrinos, primos, parientes….

Jesucristo es el Hijo Unigénito del Padre e hijo único de María.

La elocuencia de la vida de Cristo es inequívoca: pertenece al mundo del trabajo. Jesús es reconocido y respetado por su trabajo humano y por su trabajo apostólico. Podemos afirmar que Jesús mira con amor el trabajo, lo santifica. El obrero merece su salario para el sustento de su familia. Ejerciendo el trabajo ayuda a la prosperidad de la Sociedad y al bienestar de los trabajadores. Pidamos por los operarios que no tienen trabajo, y que merecen un trabajo digno y estable. Que la Administración ponga un gran esfuerzo para que el trabajador encuentre el empleo que tanto necesita para sí y para los suyos.

¡ Cuánto dinero se gasta o se malgasta en cosas que no son tan necesarias como es crear empleo por parte de las empresas, y de todos los que pueden ayudar a los que han quedado en el paro.¡ Colaboremos, según nuestras posibilidades en las obras sociales. Si no hay justicia social no puede haber paz, no puede existir solidaridad ni vislumbrar un futuro próspero. Con la ayuda de Dios y de los buenos gobernantes confiemos esperanzados.