Vertidos fecales en Sa Llavanera. | Archivo

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Los vecinos de sa Llavanera, hartos de los vertidos procedentes de la depuradora, han denunciado al alcalde de Ibiza, el socialista Rafa Ruiz, en la Oficina Anticorrupción de Baleares. Están agotados ante la inacción de un edil que, tras siete años en el poder, ha sido incapaz de buscar una solución al grave problema de unos vertidos que pueden llegar a tener consecuencias medioambientales y sanitarias.

Es evidente que la culpa de todo no la tiene él. Ibiza lleva demasiados años esperando que el Ministerio de Medio Ambiente construya una nueva depuradora que permita echar el cierre a la que actualmente está en funcionamiento y que ya hace dos décadas mostraba signos graves de saturación. El presidente del Consell, Vicent Marí, pedía hace unos meses la unidad de las instituciones para exigir al Gobierno del socialista Pedro Sánchez que acabara de una vez el proyecto. Una petición a la que Ruiz contestó con el silencio.

En este escenario, ¿qué puede hacer realmente Ruiz? Para empezar, activar los equipos de limpieza en cuanto caen cuatro gotas y así atajar los vertidos de heces. Algo que no hace nunca. Podría abrir expediente sancionador contra los gestores de esta obsoleta instalación. Tampoco lo ha hecho. En tercer lugar, podría aprovechar sus contactos para meterle prisa a Teresa Ribera con las obras. Es obvio que ni se le pasa por la cabeza.

A mí me cuesta creer que este hombre sea un inútil. Y empiezo a pensar que tienen razón quienes afirman que Ibiza se le ha quedado pequeña y aspira a más poder. Esto explicaría su supuesta docilidad ante el partido, mientras mueve los hilos para ascender. Su ambición es evidente. Y tiene, por desgracia, toda la pinta de que sus convecinos hace mucho tiempo que dejaron de importarle.