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Fue un honor preparar un Charro Negro a la hija de la gran Lola Beltrán. Es un cocktail mexicano que entona las cuerdas vocales y conjura espíritus rebeldes. Y la puesta de Sol en Cala Salada se tornó nacarada concha de Afrodita cuando María Elena Leal Beltrán, acompañada por la guitarra de Alfredo Zalce, nos encantó con su chorro de voz. ¡Qué fuerza y desgarro, dulzura y cadencia tienen las rancheras y boleros cuando se cantan con toda el alma!

Paloma Negra, El Rey, Huapango Torero, Malagueña, Deja que salga la Luna, Bésame mucho…permitían adentrarse en una dimensión vibrante y apasionada, ruedo cósmico donde se viven y beben más intensamente tragos y amores. Quien cuenta los costes del gozo, no se merece el paraíso.

Fue un bálsamo para los oídos, cansados del bakalao electrónico de zombis de celda propagandística y hoteles-cárcel todo incluido donde, en apartheid a la cubana, no permiten la entrada a los vecinos. Cosas de la Ibiza modelna y chabacana, margaritas a los cerdos.

Pero la casa de la pintora Cristina Rubalcava es tótem de la Ibiza auténtica, paraíso de almas descarriadas y oasis para criaturas con personalidad, donde pasan cosas extraordinarias bajo el influjo del realismo mágico. Así, puedo confesar que perdí la cabeza por un comandante. Tigresa alada de belleza indómita    y ojos de coñac ardiente, el vuelo de su falda provocó un tornado en mi tierno corazón.

María Elena y Cristina anuncian gira por teatros y catedrales europeas, homenajeando a la maravillosa Virgen de Guadalupe con exvotos y rancheras: «Te venimos a cantar/ en lugar de andar llorando». Siempre es bueno cantar a la Señora del Mundo, en la iglesia y la cantina, bajo palio o al raso, para alumbrar el corazón.