Comerciantes de zonas de Ibiza como la fachada marítima, la Marina y es Pratet se afanaban este sábado en limpiar sus establecimientos para así poder abrir en condiciones al público. | Arguiñe Escandón

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Joaquín Manuel y Enrique pasan la mañana del sábado achicando aguas fecales de sus locales situados en primera línea del puerto de Ibiza. También sus vecinos del Restaurante Bucanero o del local Bianca & Friends. Las torrenciales lluvias registradas este pasado viernes han mostrado de nuevo un panorama inaceptable: ratas y cucarachas muertas por doquier o alcantarillas medio levantadas por las que habían emanado auténticas fuentes de porquería.

Joaquín Manuel, presidente de la Asociación de Vecinos y Comerciantes del Puerto de Ibiza, recuerda cómo hace años vivieron una situación similar que se solucionó cuando se destaparon unos aliviaderos, cerrados ahora con la puesta en marcha del tanque de tormentas.

[Ibiza después de las fuertes lluvias, en imágenes.]

Con las fuertes precipitaciones de este pasado viernes, el agua comenzó a filtrarse por los bajos de los establecimientos de esta zona de Vila al no poder salir por aquellos desagües. «Lo peor es que estamos trabajando, estamos quitando el agua, pero a las 11.00 horas tenemos que sacar el coche. Estamos cansados», lamenta Joaquín Manuel, que pasó el viernes por la tarde mandando mensajes a sus vecinos para avisarles de la situación.

«Del Ayuntamiento de Ibiza no ha venido nadie. Sólo el primer año a hacerse la foto y a decirnos que lo solucionarían. Entre la suciedad de este año, que Ibiza ha estado peor que nunca, y esto. Le pedimos al alcalde que pise más el suelo, que no nos tenga miedo», explica el presidente.

Enrique, del bar Mambo, asegura que el viernes por la noche «tenía medio metro de agua en mi local» y probablemente deba tirar a la basura hasta tres neveras cuyos motores han resultado dañados. Senén, por su parte, reconoce que probablemente deba tirar también un aparato de aire acondicionado dañado en las inundaciones.

Cajas de vino o de cerveza completamente empapadas se suman a las pérdidas que contabilizan ya estos empresarios que no ocultan su miedo y que «cada dos por tres, estemos ahora así cuando llueva fuerte».

Iván, otro comerciante de la Marina, celebra que «por lo menos» ha pasado ahora y no en agosto, cuando los locales están a pleno rendimiento. Una alcantarilla desplazada por el agua y situada frente a su bar deja en su terraza un rastro de heces bastante desagradable: «Pasé la tarde entera sacando agua. He perdido material».

Muy cerca del Mercat Vell, Alberto arregla la entrada de su negocio de ropa masculina y asegura que «no han limpiado en toda la temporada los imbornales. Estamos muy dejados y ese es el problema, cuando tendría que estar todo impoluto y limpio», señala este comerciante que posee su tienda de ropa desde el 2014. «Cada año va a peor», insiste.

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A Nicola le encontramos fregona en mano limpiando su terraza puesto que una alcantarilla situada junto a su pizzería también le ha dejado todo tipo de restos. El joven italiano, con mucha resignación, recuerda que es «lo de todos los años».

Otra de las zonas de Vila donde temen los efectos de las fuertes lluvias es Es Pratet. En el barrio, los vecinos comentaban este sábado cómo un motorista había sufrido un accidente por culpa de una alcantarilla desplazada. «Esto es culpa del parking, que está muy alto; el alcantarillado que no lo limpian, de que todo es una mierda. Vila es una mierda como ciudad», critica Marc. Asegura que, sin éxito, ha trasladado estas quejas al ayuntamiento en numerosas ocasiones.

José explica también cómo en su casa, cerca de la rotonda de los podencos, «cada vez que llueven cuatro gotas, no sube agua, sube de todo».

Isabel, por su parte, se esfuerza en limpiar a fondo la entrada de su local Centro Manos de Luz en la calle Carlos III. Una vez más, el agua entró en su negocio provocando que saltara el parket. «El viernes, cuando empecé a ver cucarachas, pensé que era la hora de irme», afirma.

En su caso además, se tuvieron que cancelar las actividades de tipo terapéutico que estaban organizadas para la jornada. «Sientes impotencia de no poder hacer nada», reitera.

En el bar Bocanada comentan también los efectos de la lluvia. Ezequiel tiene claro que cuando se producen episodios como el del viernes, debería limitarse el tráfico «porque el problema son los coches y es peligroso». Así, recuerda cómo una tapa de alcantarilla también quedó desplazada y «si pasa una moto o un peatón hubiera sido muy peligroso».

Carmen Cárcel, presidenta de la asociación de vecinos de Es Pratet, cree que el barrio es «una zona conflictiva» cuando llueve en abundancia y coincide en señalar que el tráfico todavía empeora más la situación. «Es un barrio con muchas necesidades, aunque las mejoras se deberían ejecutar fuera de la zona para que aquí no haya estos problemas. No sé por qué no se meten de lleno y arreglan este problema grande», manifiesta. Cárcel, aún así, destaca que «hace 10 o 15 años, todavía era mucho peor».

Isabel, de Tricoma Ibiza, pasa parte de la mañana limpiando también los restos de las inundaciones y recuerda cómo han llegado a tener todo el local lleno de agua. «Tuvimos que encargar esta barrera especial que se usa en los Países Bajos, en zonas que están por debajo del nivel del mar», comenta. En Felipe II, una rata muerta en las inundaciones es retirada de la acera casi 24 horas después.