Santiago, Patrón de España (Hechos, 8,1)

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Santiago fue uno de los tres apóstoles predilectos del Señor. Pedro, Juan y Santiago. Fue el primer apóstol que sufrió el martirio por mandato del rey Herodes Agripa, al que mando decapitar hacia el año 42. Hermano de Juan. Ambos eran hijos de Zebedeo, pescadores de oficio. Llamados por Jesucristo, Boanerges, que significa hijos del trueno, por su carácter impetuoso. Una venerada tradición con realidades y leyendas. Es considerado el primer evangelizador de España. Después regresó a Jerusalén, donde murió por la fe de Jesucristo. Santiago estuvo presente en el monte Tabor, en la oración del huerto y en la resurrección de la hija de Jairo.

Si el Apóstol Santiago murió en Jerusalén, ¿cómo los creyentes honran su tumba en la Catedral de Santiago? El cadáver de Santiago, según la costumbre judía de los proscritos, fue llevado al desierto de Judá y allí abandonado para que fuese pasto de las fieras. Sus discípulos recogieron el cuerpo y, amparados en la noche, lo trasladaron al puerto de Joppe a Jafa. Allí, necesariamente hubieron de embalsamarlo conforme al método practicado por curtidores que consistía en absorber el agua del cuerpo sumergiéndolo en sustancias ávidas de ellas.

Quedaba así momificado, libre de putrefacción y, lo más importante en este caso, reducido a la tercera parte de su peso. Así sería fácil envolverlo en un fardo y embarcarse con él en una nave de las muchas que surcaban el Mediterráneo precisamente a finales de abril o principios de mayo. Todos estos detalles son menos importantes, porque lo esencial es que la Fe de Jesucristo nos da la certeza de poder vivir y morir en la fe de los Apóstoles, los cuales nos enseñan que la fe cristiana nos da esperanza y seguridad.

Hemos de saber vivir, defender y difundir la Fe de Cristo. En el que creemos e intentamos amar siempre. ¡Alabado sea Jesucristo!

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