Una urna electoral. | Pixabay

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El mes de mayo es el mes de las flores y ahora también el de las elecciones. Si no hay ningún adelanto, dentro de un año tendrán lugar los comicios autonómicos y locales 2023.

En este caso (como casi siempre) voy a centrarme en Formentera. Se inicia la recta de final de una legislatura peculiar, en la que la presidencia del Consell se ha repartido entre los dos partidos que forman el equipo de gobierno.

El polémico asunto de la licitación de quioscos ha puesto de manifiesto que las costuras del pacto no son tan solidas como nos han hecho creer. GxF, cuya conselleria de hacienda es la responsable del pliego administrativo de la licitación, intentó hacer creer que la responsabilidad era unicamente de la conselleria socialista de medio ambiente y se manifestó a favor de los antiguos concesionarios, lo cuál molestó profundamente a sus socios.

Ahora viene otro temazo, que pondrá de nuevo a prueba las costuras mencionadas: los amarres de s’estany des Peix. La regulación de este entorno del parque natural, dejará fuera a la mitad de las barcas que actualmente utilizan el lago como refugio permanente.

Queda un año y llega el momento de tomar posiciones en la línea de salida. Los socialistas presentaron recientemente su nueva y reforzada ejecutiva, de la que deberá salir la lista. Por su parte, GxF que hasta ahora siempre ha presentado un equipo amplio y cohesionado a los comicios, deberá hacer equilibrios para contentar en la candidatura a los diferentes liderazgos internos.

También está por ver si Sa Unió se volverá a presentar de manera conjunta (PP + Compromís) y quien liderará la lista. En todo caso la derecha es consciente de que en la situación actual y sin desgastarse mucho o nada, con permanecer sentados, serán receptores de los muchos o pocos votos que GxF pueda perder.